domingo, 4 de octubre de 2015

And I'll hope that you'll remember me


     Se quedó mirando la foto como si esperase que algo fuera a cambiar, como si algo en su interior le dijera que el sol bajaría hasta desaparecer tras las montañas, que la mano que tomaba tiraría de ella y la obligaría a correr hacia el oeste, a buscar al sol, a evitar que se fuera, a hacer ese atardecer un poquito más largo. Un suspiro no es tiempo suficiente para darse cuenta de la realidad, pero a veces no se dispone de nada más que eso.

    Esta noche soñé que soñaba. Soñé que soñaba y cuando por fin desperté por segunda vez, tuve que comprobar que nada había sido real.
    Que mis muebles seguían en su sitio y mis sábanas sin compartir. Que a mi habitación nunca dejó de entrar el sol y que mis botellas seguían llenas, que nadie había usado el líquido que contenían para hacer alguna estupidez.
     Esta noche soñé que soñaba y verdaderamente acepto mi pizca de locura, al no reconocer qué había pasado en realidad cuando regresé por fin a mi mundo.
     O cuando lo abandoné.

     No sabría decirte si ese sueño fue la inventiva de mi mente echándote otra vez de menos o meros recuerdos onirizados, moldeados a la irrealidad de esa otra parte del mundo. Las cosas no son reales, pero las percibo así. ¿Dónde está la diferencia entonces? ¿Por qué este mundo sí, y ese otro no? No sé si cuando duermo olvido que he estado despierta y recuerdo lo que soñé. No podré saberlo nunca. Me creo real porque vivo en esta parte de la conciencia y creo que me asusta. Sueño muchas cosas que nunca termino de recordar y casi siempre, de entender. Pero estás allí la mayoría del tiempo y eso, aunque no pueda tocarte, me da esperanzas de que quizás estés en algún lugar. Y te acuerdes de mí, a veces. Me llames. O solamente quieras abrazarme.

     Siempre te he querido. Siempre te querré, aunque de diferente forma a lo largo del tiempo, inevitablemente. Mientras tanto, me gustaría poder seguir soñando.