miércoles, 22 de abril de 2015

Oh what a shame, what a rainy ending given to a perfect day


        Imagina un día perfecto.
        Te despiertas enérgicamente estimulada por tu propia mente y te levantas de la cama sin ganas de dormir ni un poquito más. Subes la persiana y el sol te acaricia la cara, el cielo está claro, no hay nubes, no hay penas, no hay nada que esté mal. El espejo te devuelve la sonrisa más hermosa y desayunas todo lo que te apetece, bañado en la leche de la taza que te dice que te comas el mundo. Que te comas el mundo porque es tuyo.
        Después de respirar profundamente el aire de la calle y observar a tu vecino llegar corriendo con dos cachorricos entre los brazos, decides caminar. El día te lo pide, hay mil cosas por hacer. No vas a rechazarlo, porque quizás no sea ningún día en concreto, pero es un día especial. No todos los días son especiales. Y no sabes nunca que lo van a ser hasta que cierras los ojos y lo sientes. Quizá eso marca el final de tu experiencia. Pero sabes que lo recordarás con gracia durante mucho tiempo.  
        Pero hoy... hoy es tan genial. Hoy es un día increíble a pesar de que no va a pasar absolutamente nada. Quizás un paseo entre las montañas sin nieve que refresque la mente, una mañana de jarras heladas con la mejor conversación, una comida sencilla ejecutada a la perfección, una muy buena película en el cine más lejano, tras un largo trayecto en coche escuchando los mejores discos, que no recordabas haber guardado nunca en el armario, una mano suave que te acaricia, una cama que anhela tu perfume entre sus sábanas, palabras en tu oído que hacen que no puedas dejar de sonreír. Un atardecer entre la arena blanca de la playa, escuchando las olas, viendo al sol marcharse aspirando sin quererlo el dulce olor de la sal.

          Y de repente... todo cambia. ¿Por qué? ¿Por qué si todo es perfecto? ¿Qué está pasando?
Sólo son lágrimas.
Nadie las ha llamado, pero están ahí. Han llegado de la nada y ahora no puedes hacer que se marchen.
Todo era perfecto... el plan era perfecto. Nosotros éramos perfectos. Y después de tanto vivido nos despediremos así. Un momento tonto lo puede cambiar todo. Una palabra equivocada, una opinión mal expresada, una diferencia en el sentir. Lo que creíste una tontería se convirtió en el mayor de tus errores y ahora todo esto se va. Toda mi perfección desaparece... en un instante.

          Hoy es un día especial. Desde el inicio lo supe. ¿Compensa?
          No lo sé. Supongo que algún día saldría a relucir esa bala. Supongo que era algo inevitable. Pero... era un día tan perfecto...


       

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