sábado, 4 de octubre de 2014

So take this wine and drink with me

Así es como llego a la conclusión de que ninguna de las historias queda jamás en el tintero. Toda historia que no puede ser, de alguna manera, es. No de la forma que nos gustaría ni de la que esperábamos que fuera, pero de algún modo ocurre la historia. De algún modo se tuerce convirtiéndose en lo que no esperábamos que fuera.
Por ejemplo.
Creíste que te enamorarías, que vivirías con él una bonita historia de amor que habría durado años, meses o quien sabe, tal vez tan solo unos días. Tal vez no estabais hechos el uno para el otro ni habríais podido aguantaros mutuamente más allá de la pasión de los primeros polvos. Pero eso es algo que querías descubrir por ti misma, vivir la experiencia y decidir. 
Sin embargo, te entró miedo, te entró la desesperación de pensar que él te gustaba como nadie antes y eso podía significar un para siempre. En una posibilidad ínfima y oculta, pero existía, mayor que con cualquier otro con el que pudieras haber estado antes. Y a ti te dan miedo los para siempres, ¿A quién no?. Lo dejaste correr. Lo dejaste marchar. Y creíste que una bella historia quedó para siempre en el tintero.
Pero en el tintero no quedó nada, porque nunca puede quedar nada. La pluma se deslizó por el papel con la misma delicadeza con la que siempre se deslizaba. Escribió que tenías miedo y escribió que fuiste cruel. Escribió que lo lamentarías, que cada vez que lo vieras pasar te morderías el labio con rabia y arrepentimiento, escribió que todo contacto posterior con él te traería una pizca de su cariño. Una pizca que jamás sería suficiente de tan solo pensar en lo que podrías haber tenido.
Pero también escribió que no te arrepentiste de tus decisiones, que al fin y al cabo, podías haber vuelto a él, y nunca lo hiciste. Porque el miedo seguía latiendo. Al principio. Luego asumiste que él nunca fue para ti. Y seguiste tu vida de la misma manera que él siguió la suya.
La pluma escribe siempre. Lentamente y con perfecta caligrafía, ajena a las palabras que entrelaza y a su sentido, ajena a la gente que la promueve con sus acciones. La tinta se acaba. Pero las páginas quedan grabadas dentro de ti por siempre.
¿La historia se quedó en el tintero?
La historia no se escribió como tú quisiste que se escribiera. Pero ocurrió, te guste o no. Está bien pensar, entonces, que no somos esclavos de esa tinta ¿no?. Está bien creer que, aunque la pluma corre de manera infalible sobre el papel, sus movimientos no están condicionados por otra cosa que por nuestras decisiones.
Es contradictorio. Porque como ella dijo, cada reencuentro te trae besos y caricias de las que luego no te arrepientes, pero que a veces te saben a poco. Quieres creer que todo es mejor así y que no hay razón alguna para intentarlo de verdad. Eso solo lo dices porque tienes miedo de volver a cagarla.
He de decir, en defensa de mi teoría, que no creo que la pluma escriba el futuro condenándote a quererlo. Lo que yo veo es que ella, conocedora de nuestra naturaleza y después de haber narrado tantas historias que siempre terminan igual, se arriesga a vaticinar, con un margen de error muy pequeño, que la historia a la que no se le pone un final consciente, no termina hasta que no se hace. Céntrate y piénsalo. No lo amas, no lo quieres. Es solo que no puedes soportar la idea de verlo ante ti y pensar en todo lo que podría haber sido. Recaes y quieres volver a intentarlo. Después te das cuenta de por qué no fue. Y lo dejas correr de nuevo. Y así queda el bucle, hasta que uno de los dos asiente la cabeza y diga que basta. Que ya habéis jugado bastante y que no tiene ningún tipo de sentido continuar una historia como esa.
Y aún así, será muy difícil de terminar definitivamente. Porque cada vez que lo veas a lo lejos y no sientas nada dado que eres feliz en tu vida, dado que tienes algo que te ha hecho olvidarte por completo de lo que un día sentiste por él, te quedarás parada y pensarás... "Ya no siento nada. Es curioso todo lo que hemos vivido sin vivir nada."
Tu historia de amor no será más que un recuerdo divertido para contar y reír.
La nostalgia, no obstante, invadirá tu corazón. Eso te lo garantizo.


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