domingo, 19 de octubre de 2014

Secrets I have held in my heart, are harder to hide than I thought


           Si la papeleta se cae, volveré a colocarla. Si se borra, la escribiré de nuevo mejor. Si se rompe, la pegaré con celo. Si la tachan, la redactaré otra vez. Y aunque manchada y vieja, mil veces curada y mil veces reparada, la papeleta seguirá ahí, sobre mi cabeza, sobre mis mañanas. Recordándome cada vez que abra los ojos que lo más importante es que me crea mis propios sueños.
          Sin embargo... ¿cuáles son esos sueños?
          Sólo vivir sin límite no es suficiente. Tampoco creer en lo imposible. Probablemente esas cosas tan solo sean la parte difícil del embrollo.
          Tengo miedo al cambio. Tengo miedo al sentido de pensar que hoy quiero esto, y mañana prefiero otra cosa. Dediqué mi vida entera hasta hoy a hacerme fuerte, cayendo una y otra vez, golpeando cien veces a la misma piedra, combatiendo doscientas a los mismos problemas. Pero ¿y de qué me servirá todo eso si no consigo tener las cosas claras?
         Ni siquiera sé si es la cobardía lo que me echa para atrás. El miedo a salir de una vida que me gusta. O el planteamiento objetivo de que cada cosa que deseo termina por desvanecerse en mi mente, al descubrir otra aparentemente mejor.
     
         Sus pensamientos se escapaban con el viento que agitaba su lacia melena negra. Sus piernas colgaban hacia el infinito, donde un estrecho riachuelo serpenteaba entre las montañas. El puente de piedra sobre el que se sentaba conectaba dos altos acantilados a los que ella siempre acudía a reflexionar.

         Recordó todos los papeles que decoraban su habitación, todos llenos de frases y consejos que muchas veces, le hacían todo más fácil. Nunca creyó necesitar usarlos y ahora, sentía la necesidad de leerlos continuamente, una y otra vez.
   
        "Nunca quise enamorarme" pensó entonces.
        "Nunca quise nada de esto y a pesar de ello, me tocó. ¿Qué es lo que debo de hacer ahora? Qué es lo debo de hacer si yo ni siquiera sé si tú..."

         Cerró los ojos con fuerza y dejó caer la cabeza. La solución era sencilla. No podía dejar que nada la hiciese débil, porque el destino de los débiles no es otro que el fracaso. Después de tanto tiempo, un simple sentimiento como ese no conseguiría acabar con ella, no conseguiría ser tan difícil de controlar, tan difícil de mantener a raya. Apretando los labios, alzó la cabeza y miró hacia el horizonte. Se puso de pie sobre la barandilla. El viento sopló de nuevo haciendo que sus cabellos se agitaran otra vez, haciendo que sus ojos brillaran con intensidad, haciendo que sus puños se apretaran, haciendo que su cuerpo se relajara y una sonrisa consiguiera aflorar. Se sintió ella misma un vez más y el pensamiento recorrió todos sus nervios.
          "El mundo es mío."

         

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