miércoles, 1 de octubre de 2014

It's only what you're waiting for

    Caminaba sobre las huellas de la piedra como si nadie pudiera pararla, como si todo lo que había hecho estuviera aún por hacer. Con los ojos clavados en el cielo, dejaba volar a su sonrisa y las farolas poco a poco se apagaban en una mañana todavía demasiado oscura y fría. Los brazos extendidos a ambos lados del cuerpo le permitían mantener el equilibrio sobre el estrecho camino que transitaba y el viento, malvado, trataba de tirarla continuamente, una y otra vez. Ella lo sentía en su piel y en su pelo golpeándole la cara, pero no se dejaría vencer porque a veces "cuando el camino es chungo y hay que andarlo" hay que ser fuerte y continuar. Parecía todo tan estúpido. Pero un simple paso en falso la haría caer. A un lado el río, al otro el empedrado del camino fácil, por donde los últimos transeúntes se arrastraban de madrugada. Algunos con las venas llenas de alcohol deseaban por fin acostarse en su cama, otros bien vestidos y con profundas caras de sueño, acudían a sus puestos de trabajo más como zombis que como personas. Un hombre paseaba a su perro a primera hora del nuevo día y el animal, moviendo el rabo continuamente, llevaba a su amo de un lado para otro en su pereza mañanera. Había también, por otra parte, algunas caras ilegibles de las que ella no conseguía adivinar cuál era su objetivo. A dónde iban. Qué querían. Qué les había llevado a despertarse a esas horas de la mañana o a no haberse ido a dormir. Una pareja joven se hallaba sentada en el bordillo, a pocos pasos de ella y en medio de su camino. No podría pasar. Empezó a entrarle el pánico y decidió que les pediría con educación que se apartaran un instante. Sin embargo, los pies de los enamorados colgando hacia el río le decían que probablemente no sería algo tan fácil. Fue entonces cuando el primer rayo de sol, conocedor de la oscuridad en la que se encontraba esa parte del mundo en aquel momento, rasgó una pequeña porción de cielo que demasiado rápido se convirtió en el completo horizonte. Ella se quedó paralizada, y de pie al lado de la chica que apoyaba la cabeza en el hombro del chico, observó como el tiempo pasaba lentamente mientras una esfera a la que no podía mirar, pero que de algún modo, contemplaba, se alzaba clareando el cielo. Los amaneceres son tan efímeros que a veces parecen demasiado largos debido a las contradicciones que suponen. Vemos al sol moverse todos los días, pero es algo así como un chocolate inglés en el que el astro parece estar siempre quieto pero que, cada vez que miras, ha cambiado de lugar. Sin embargo, cuando amanece, sus movimientos son tan reales que no aceptamos el creerlo. El poder ver al sol en un sitio distinto a cada segundo y ser consciente de ello. Las esfera fue apareciendo poco a poco tras las colinas del horizonte hasta que asomó por completo en el cielo despejado que anunciaba un nuevo día cargado de nuevas emociones. La pareja se levantó con una amplia sonrisa en los labios y se alejó lentamente caminando. No hubo que decirles nada. Ellos solitos habían dejado el camino libre y bueno, de algún modo, la habían obligado a ella a no perderse un momento como aquel. Tal vez más adelante pensaría en ello.
         Pronto alcanzó su casa y se metió en la cama mientras su mente manejaba que, probablemente, ella era una de esas personas de las que no se conseguía saber cuál era su objetivo. De esas que no sabes a dónde van. Ni qué quieren. Ni qué le habría llevado a despertarse tan temprano aquel día o a no haber dormido en toda la noche. Se rió de todas sus cavilaciones, hacía tiempo que nadie jugaba a juegos como ese. De todas formas ¿A quién le iba importar lo que ella estuviera haciendo allí?



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