viernes, 31 de octubre de 2014

These are the days we won't regret


         Ni siquiera había terminado de hablar cuando le dio la vuelta al reloj de arena. El tiempo dio un giro inesperado y los diminutos granos comenzaron a caer de nuevo.
   
       ¿Cambiar? ¿Por qué iba a querer yo eso?
       Mucha gente se desvive por un cambio. No lo sé. Pregúntales a ellos.
       Cambiar. Como si fuera algo tan sencillo. Parece mentira, pero nunca me lo había planteado. ¿Quién iba a querer algo así? Aunque ahora que lo preguntas... lo primero de todo... defíneme el término cambiar.
        Hmm... Cambiar es algo así como... ser diferente a como hasta ahora has sido. Pensar de manera distinta, actuar de manera distinta. Que la gente te mire y no sea capaz de predecir lo que vas a contar. Que no sepa cómo te vas a sentir o qué es lo que vas a decir, cuál será tu reacción ante una situación determinada. Por lo menos, no hasta que se acostumbren a tu nuevo tú.
       Mi nuevo yo...

       La niña alzó la cabeza y miró risueña hacia el cielo, con sus neuronas trabajando sin parar, tratando de comprender con un leve parpadeo lo que fuera que su amigo intentaba decirle.

        Que la gente se desviva por un cambio. Solamente se me ocurre una razón para ello y es que no se sientan a gusto con ellos mismos, pero no saben que lo que quieren no es posible sin más. Los cambios son algo involuntario, algo inconsciente producto del tiempo y la experiencia. Una persona se hace poco a poco, con cada una de sus decisiones, con sus aciertos y sus errores. Cierto es que hay que tratar de corregir estos últimos, pero no deja de ser algo que ha de salir de ti y algunas veces, consideramos un error acierto y un acierto error así que todo lo demás es inútil. No estamos seguros. No podemos cambiar. ¿Para qué? ¿Qué ha pasado con la originalidad y el sé tú mismo?
     
     Su amigo se rió al verla tan concentrada en sus cavilaciones, sentada sobre el césped y con la cabeza echada para atrás, contemplando el cielo despejado a través del entramado de ramas y verdes hojas del árbol bajo el que se resguardaban de un sol casi insoportable aún a esas alturas del año.

      Creo que te estás complicando demasiado. Yo nunca te hablé de un cambio radical. De hecho en realidad, nunca te hablé de nada. Tú solita te has metido en esta camisa de once varas.

     Con una leve risa le dio un golpecito al reloj de arena, que quedó tumbado sobre el suelo dejando de correr. Le encantaba hacer eso. Era como parar el tiempo y respirar. Como aparecerse lejos del caos y del ruido, lejos de todo lo que no importa.

     Pienso que las personas van más allá de todo lo que quieren creer. Estamos condenados a cambiar, pero no creo que eso sea algo malo. Una persona son hechos y acciones que la conforman poco a poco, haciéndola distinta a cada momento. Somos libres condicionados por una situación, por una época, por un lugar y... quién sabe, tal vez también por un dios o por un destino. Tal vez fue ese destino el que me trajo a estar hoy aquí contigo, o la suerte. La vida es muy compleja.

       Soltó una leve carcajada consciente de lo que acababa de decir, y esperó sin dejar de sonreír la reacción de su amiga.

      ¿Suerte? Yo no creo en la suerte ¿sabes? Tú tienes razón, en parte - la niña tomó el reloj de arena tumbado, sin girarlo otra vez, sin dejar que el tiempo volviera a su cauce - mis decisiones conforman mi futuro. Y para bien o para mal, no me arrepiento de ni una sola de ellas.




domingo, 26 de octubre de 2014

But that's not really her style

      Hay algunas veces en la vida, pequeños y contados momentos en los que todo lo que se movía a tu alrededor, de pronto, deja de girar. Solo es un breve instante, un suspiro del tiempo tras el cual, te das cuenta de que todo ha cambiado. Que todo lo que pensabas es inútil y que todos tus ideales se han convertido en pequeños juegos que ya no justifican nada. Ni siquiera a ti mismo. Porque de pronto nada es como antes. Porque ellos te miran diferente. Porque ellos se mueven diferente. Porque el viento sopla diferente. Porque el mundo gira diferente. Porque todo es diferente. De repente. De un momento a otro.
      Después lo piensas un poco y no alcanzas ninguna conclusión.
      Bueno, una tal vez sí. Y es que tiene que haber una razón. Tiene que haber algo que haya hecho que todo tu universo se dé la vuelta sin venir a cuento.
      Por suerte, aún hay retazos de cordura en el fondo de tu mente y no achacas lo inexplicable a cosas estúpidas como el hecho de que te hayas enamorado. Que hayas cambiado de vida o de lugar. Que hayas conocido a alguien que jamás imaginaste que entraría en tu vida o que quizás jamás imaginaste que lo haría de ese modo. Nada acaba como parece empezar. Creo.
   
      Los coches se mueven demasiado rápido. Como la gente. Todos corren, estresados, con sus móviles y batas, con sus maletines y americanas, con sus corbatas o sus faldas de tubo y tacones. Los que pueden hacerlo, al menos. O los que están condenados a hacerlo, quién sabe. Los continuos golpeteos que emite el suelo ante las prisas, como monótonos quejidos de algo a lo que no agradecemos todo lo que hace por nosotros, resuenan sin cesar en las aceras. Nadie puede parar un instante. No lo consiguen. Ni siquiera para suspirar antes de echar a andar de nuevo. O para mirar al sol. ¿Es eso lo que ha cambiado? ¿O simplemente es que te has dado cuenta de ello?
     Confiésalo. La marea te ha arrastrado con ella y ahora tú tampoco puedes parar. Es duro darse cuenta ¿verdad?.
     Tal vez no sea el mundo el que ha cambiado.
     Tal vez no sean los demás los que te miran diferente. Ni los que cantan diferente.
     Tal vez no haya sido el mundo el que haya dejado de girar por un instante.
     Tal vez lo único que ha despertado hayas sido tú.
     En ese caso, tranquilo, tranquila.
     Aún estás a tiempo de sonreír de nuevo. De detenerte un segundo y respirar. De observar lo que te rodea y pensar que todavía no está todo perdido.

   

domingo, 19 de octubre de 2014

Secrets I have held in my heart, are harder to hide than I thought


           Si la papeleta se cae, volveré a colocarla. Si se borra, la escribiré de nuevo mejor. Si se rompe, la pegaré con celo. Si la tachan, la redactaré otra vez. Y aunque manchada y vieja, mil veces curada y mil veces reparada, la papeleta seguirá ahí, sobre mi cabeza, sobre mis mañanas. Recordándome cada vez que abra los ojos que lo más importante es que me crea mis propios sueños.
          Sin embargo... ¿cuáles son esos sueños?
          Sólo vivir sin límite no es suficiente. Tampoco creer en lo imposible. Probablemente esas cosas tan solo sean la parte difícil del embrollo.
          Tengo miedo al cambio. Tengo miedo al sentido de pensar que hoy quiero esto, y mañana prefiero otra cosa. Dediqué mi vida entera hasta hoy a hacerme fuerte, cayendo una y otra vez, golpeando cien veces a la misma piedra, combatiendo doscientas a los mismos problemas. Pero ¿y de qué me servirá todo eso si no consigo tener las cosas claras?
         Ni siquiera sé si es la cobardía lo que me echa para atrás. El miedo a salir de una vida que me gusta. O el planteamiento objetivo de que cada cosa que deseo termina por desvanecerse en mi mente, al descubrir otra aparentemente mejor.
     
         Sus pensamientos se escapaban con el viento que agitaba su lacia melena negra. Sus piernas colgaban hacia el infinito, donde un estrecho riachuelo serpenteaba entre las montañas. El puente de piedra sobre el que se sentaba conectaba dos altos acantilados a los que ella siempre acudía a reflexionar.

         Recordó todos los papeles que decoraban su habitación, todos llenos de frases y consejos que muchas veces, le hacían todo más fácil. Nunca creyó necesitar usarlos y ahora, sentía la necesidad de leerlos continuamente, una y otra vez.
   
        "Nunca quise enamorarme" pensó entonces.
        "Nunca quise nada de esto y a pesar de ello, me tocó. ¿Qué es lo que debo de hacer ahora? Qué es lo debo de hacer si yo ni siquiera sé si tú..."

         Cerró los ojos con fuerza y dejó caer la cabeza. La solución era sencilla. No podía dejar que nada la hiciese débil, porque el destino de los débiles no es otro que el fracaso. Después de tanto tiempo, un simple sentimiento como ese no conseguiría acabar con ella, no conseguiría ser tan difícil de controlar, tan difícil de mantener a raya. Apretando los labios, alzó la cabeza y miró hacia el horizonte. Se puso de pie sobre la barandilla. El viento sopló de nuevo haciendo que sus cabellos se agitaran otra vez, haciendo que sus ojos brillaran con intensidad, haciendo que sus puños se apretaran, haciendo que su cuerpo se relajara y una sonrisa consiguiera aflorar. Se sintió ella misma un vez más y el pensamiento recorrió todos sus nervios.
          "El mundo es mío."

         

sábado, 4 de octubre de 2014

So take this wine and drink with me

Así es como llego a la conclusión de que ninguna de las historias queda jamás en el tintero. Toda historia que no puede ser, de alguna manera, es. No de la forma que nos gustaría ni de la que esperábamos que fuera, pero de algún modo ocurre la historia. De algún modo se tuerce convirtiéndose en lo que no esperábamos que fuera.
Por ejemplo.
Creíste que te enamorarías, que vivirías con él una bonita historia de amor que habría durado años, meses o quien sabe, tal vez tan solo unos días. Tal vez no estabais hechos el uno para el otro ni habríais podido aguantaros mutuamente más allá de la pasión de los primeros polvos. Pero eso es algo que querías descubrir por ti misma, vivir la experiencia y decidir. 
Sin embargo, te entró miedo, te entró la desesperación de pensar que él te gustaba como nadie antes y eso podía significar un para siempre. En una posibilidad ínfima y oculta, pero existía, mayor que con cualquier otro con el que pudieras haber estado antes. Y a ti te dan miedo los para siempres, ¿A quién no?. Lo dejaste correr. Lo dejaste marchar. Y creíste que una bella historia quedó para siempre en el tintero.
Pero en el tintero no quedó nada, porque nunca puede quedar nada. La pluma se deslizó por el papel con la misma delicadeza con la que siempre se deslizaba. Escribió que tenías miedo y escribió que fuiste cruel. Escribió que lo lamentarías, que cada vez que lo vieras pasar te morderías el labio con rabia y arrepentimiento, escribió que todo contacto posterior con él te traería una pizca de su cariño. Una pizca que jamás sería suficiente de tan solo pensar en lo que podrías haber tenido.
Pero también escribió que no te arrepentiste de tus decisiones, que al fin y al cabo, podías haber vuelto a él, y nunca lo hiciste. Porque el miedo seguía latiendo. Al principio. Luego asumiste que él nunca fue para ti. Y seguiste tu vida de la misma manera que él siguió la suya.
La pluma escribe siempre. Lentamente y con perfecta caligrafía, ajena a las palabras que entrelaza y a su sentido, ajena a la gente que la promueve con sus acciones. La tinta se acaba. Pero las páginas quedan grabadas dentro de ti por siempre.
¿La historia se quedó en el tintero?
La historia no se escribió como tú quisiste que se escribiera. Pero ocurrió, te guste o no. Está bien pensar, entonces, que no somos esclavos de esa tinta ¿no?. Está bien creer que, aunque la pluma corre de manera infalible sobre el papel, sus movimientos no están condicionados por otra cosa que por nuestras decisiones.
Es contradictorio. Porque como ella dijo, cada reencuentro te trae besos y caricias de las que luego no te arrepientes, pero que a veces te saben a poco. Quieres creer que todo es mejor así y que no hay razón alguna para intentarlo de verdad. Eso solo lo dices porque tienes miedo de volver a cagarla.
He de decir, en defensa de mi teoría, que no creo que la pluma escriba el futuro condenándote a quererlo. Lo que yo veo es que ella, conocedora de nuestra naturaleza y después de haber narrado tantas historias que siempre terminan igual, se arriesga a vaticinar, con un margen de error muy pequeño, que la historia a la que no se le pone un final consciente, no termina hasta que no se hace. Céntrate y piénsalo. No lo amas, no lo quieres. Es solo que no puedes soportar la idea de verlo ante ti y pensar en todo lo que podría haber sido. Recaes y quieres volver a intentarlo. Después te das cuenta de por qué no fue. Y lo dejas correr de nuevo. Y así queda el bucle, hasta que uno de los dos asiente la cabeza y diga que basta. Que ya habéis jugado bastante y que no tiene ningún tipo de sentido continuar una historia como esa.
Y aún así, será muy difícil de terminar definitivamente. Porque cada vez que lo veas a lo lejos y no sientas nada dado que eres feliz en tu vida, dado que tienes algo que te ha hecho olvidarte por completo de lo que un día sentiste por él, te quedarás parada y pensarás... "Ya no siento nada. Es curioso todo lo que hemos vivido sin vivir nada."
Tu historia de amor no será más que un recuerdo divertido para contar y reír.
La nostalgia, no obstante, invadirá tu corazón. Eso te lo garantizo.


miércoles, 1 de octubre de 2014

It's only what you're waiting for

    Caminaba sobre las huellas de la piedra como si nadie pudiera pararla, como si todo lo que había hecho estuviera aún por hacer. Con los ojos clavados en el cielo, dejaba volar a su sonrisa y las farolas poco a poco se apagaban en una mañana todavía demasiado oscura y fría. Los brazos extendidos a ambos lados del cuerpo le permitían mantener el equilibrio sobre el estrecho camino que transitaba y el viento, malvado, trataba de tirarla continuamente, una y otra vez. Ella lo sentía en su piel y en su pelo golpeándole la cara, pero no se dejaría vencer porque a veces "cuando el camino es chungo y hay que andarlo" hay que ser fuerte y continuar. Parecía todo tan estúpido. Pero un simple paso en falso la haría caer. A un lado el río, al otro el empedrado del camino fácil, por donde los últimos transeúntes se arrastraban de madrugada. Algunos con las venas llenas de alcohol deseaban por fin acostarse en su cama, otros bien vestidos y con profundas caras de sueño, acudían a sus puestos de trabajo más como zombis que como personas. Un hombre paseaba a su perro a primera hora del nuevo día y el animal, moviendo el rabo continuamente, llevaba a su amo de un lado para otro en su pereza mañanera. Había también, por otra parte, algunas caras ilegibles de las que ella no conseguía adivinar cuál era su objetivo. A dónde iban. Qué querían. Qué les había llevado a despertarse a esas horas de la mañana o a no haberse ido a dormir. Una pareja joven se hallaba sentada en el bordillo, a pocos pasos de ella y en medio de su camino. No podría pasar. Empezó a entrarle el pánico y decidió que les pediría con educación que se apartaran un instante. Sin embargo, los pies de los enamorados colgando hacia el río le decían que probablemente no sería algo tan fácil. Fue entonces cuando el primer rayo de sol, conocedor de la oscuridad en la que se encontraba esa parte del mundo en aquel momento, rasgó una pequeña porción de cielo que demasiado rápido se convirtió en el completo horizonte. Ella se quedó paralizada, y de pie al lado de la chica que apoyaba la cabeza en el hombro del chico, observó como el tiempo pasaba lentamente mientras una esfera a la que no podía mirar, pero que de algún modo, contemplaba, se alzaba clareando el cielo. Los amaneceres son tan efímeros que a veces parecen demasiado largos debido a las contradicciones que suponen. Vemos al sol moverse todos los días, pero es algo así como un chocolate inglés en el que el astro parece estar siempre quieto pero que, cada vez que miras, ha cambiado de lugar. Sin embargo, cuando amanece, sus movimientos son tan reales que no aceptamos el creerlo. El poder ver al sol en un sitio distinto a cada segundo y ser consciente de ello. Las esfera fue apareciendo poco a poco tras las colinas del horizonte hasta que asomó por completo en el cielo despejado que anunciaba un nuevo día cargado de nuevas emociones. La pareja se levantó con una amplia sonrisa en los labios y se alejó lentamente caminando. No hubo que decirles nada. Ellos solitos habían dejado el camino libre y bueno, de algún modo, la habían obligado a ella a no perderse un momento como aquel. Tal vez más adelante pensaría en ello.
         Pronto alcanzó su casa y se metió en la cama mientras su mente manejaba que, probablemente, ella era una de esas personas de las que no se conseguía saber cuál era su objetivo. De esas que no sabes a dónde van. Ni qué quieren. Ni qué le habría llevado a despertarse tan temprano aquel día o a no haber dormido en toda la noche. Se rió de todas sus cavilaciones, hacía tiempo que nadie jugaba a juegos como ese. De todas formas ¿A quién le iba importar lo que ella estuviera haciendo allí?