domingo, 14 de septiembre de 2014

It's the moment of truth and the moment to lie

Por todas esas veces en las que sientes que de un puñetazo derribarás la pared.
Por todas esas veces en las que cualquier objeto que lleves en la mano corre el riesgo de ser cruelmente aplastado y estrujado por tu puño rabioso.
Por todas esas veces en las que pegar patadas a las cosas parece ser la mejor opción.
Por todas esas veces en las que hacer por ti mismo lo que deben de hacer otros es lo que más se desea en el mundo.
Por todas esas noches de enfado con uno mismo y todos esos momentos de impotencia agarrando cualquier cosa que no sufra al clavar las uñas en él.
Por ese sentimiento así definido que tantas veces parece ser lo único en lo que se puede pensar:
Si pudiera, tan solo, hacer algo...
¿Cuántas veces he dicho eso? ¿Cuántas? ¿Y cuántas veces era real?
Seguro que ni la mitad de ellas.
Supongo que es el orgullo lo que lo promueve. La soberbia, la falsa certeza, la creencia de que esto saldrá bien, de que todo irá como esperas. Todo irá como esperas aun sin que nadie te lo haya garantizado porque, a pesar de ser algo que a nadie le importa, porque a nadie le incumbe, tú no puedes sacártelo de la cabeza.
Deseas que alguien te hable y te diga lo que quieres oír. Que deje de decirte que lo hagas por ti mismo y pronuncie que todo saldrá bien, que todo va a salir bien, que este momento de duda y silencio no es si no un pequeño descuido, un leve olvido sin importancia, un efímero instante que existió por mero azar.
Y tú, inútil, impotente, deseas poder llegar a creerlo.
Porque cada vez que lo intentas sabes que es algo que no va contigo, estúpida e incongruente razón ésta. ¿No va contigo? ¿Con quién, entonces? Y de este modo te quedas congelado, congelada a medio camino sin atreverte a hacer.

          También más personas han de poner de su parte. 

          Y así es como queda la excusa, flotante e indiferente, conduciéndonos a la nada. Quién sabe. Quizás él, quizás ella, quizás ellos estén pensando lo mismo que tú y por eso esperan. O quizás ya están haciendo todo lo que pueden y solo necesitan un pequeño empujoncito que no te pueden pedir, demasiado absortos en complacerte. O quizás no. Quizás nada de esto sea cierto. Y ya está. Así de fácil.
Lo sé. Esto es precisamente lo que no quieres oír. Lo que no quieres que te digan. De lo que no quieres darte cuenta porque tu propio orgullo te lo prohíbe.
Entonces estará bien. Si eso es lo que te hace feliz, tranquilo, tranquila:
Todo saldrá bien. Tan solo... dale un poco más de tiempo. No está si no esperando el momento de salir de nuevo a bailar. De salir de nuevo a quererte. De salir de nuevo a cumplir lo que esperas de él, de ella, de ellos.
Tal vez los días pasen. El tiempo. El sentimiento desaparecerá pronto y con ello toda la historia que esperabas vivir. Las cosas volverán a su cauce. Todo habrá sido una anécdota de la que, a veces, te arrepentirás con nostalgia y sin sufrimiento.                                                                                                   De todas formas... no pudiste hacer nada, ¿no?.




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