viernes, 26 de septiembre de 2014

Every step that I take is another mistake to you


         No recuerdo el momento exacto en el que me volví tan insensible. Sí recuerdo el haber tropezado, una y otra vez, a veces contra cosas distintas, a veces contra lo mismo de siempre. Recuerdo pensamientos y razones, recuerdo escalones, minutos, el frío sentimiento de perder algo querido. Recuerdo con nostalgia y recuerdo con rencor, con odio, recuerdo con alegría y con esperanza, recuerdo incluso con... miedo. Recuerdo tantas cosas que olvidé cuándo dejé de hacerlo.
         Olvido...
        ¿Qué es el olvido?
         No lo sé... no puedo recordarlo. En el entramado de conceptos las palabras se entrelazan y no alcanzo a averiguar cuál corresponde a cual. Quién sabe, quizás los buenos sean los malos y los grises pobres indecisos en el abismo de su elección. Quisieron que fuera como ellos y lo único que conseguí fue no ser nada en absoluto. Supongo que es mejor, teniendo en cuenta que es diferente. O quizás lo diferente sea malo.
         Vaya, esto es más difícil de lo que parece ¿no crees?.
         Yo misma decidí olvidar y eso es lo único que recuerdo. Tal vez a partir de ahora pueda empezar de cero, de una mente en blanco, de un sueño aún por construir. Tal vez ese sea mi destino.
       
        Recuerdo lo que es el destino. Por gracia, o por desgracia quizás, no es tan fácil olvidarlo todo. Algunos pensamientos se arraigan a tu mente como parásitos implantados y no te dejan escapar jamás. Lo único que se puede conseguir es construir, o tan solo encontrar a otro parásito igual de viable, que pueda hacerle frente y luchar por el control. Aunque nunca tendremos la certeza de saber quién ha ganado. A veces surge una nueva raza, más fuerte y peligrosa, capaz de extenderse entre la gente para bien o para mal. Otras, la mayoría, el parásito se convierte en una mediocre opinión de alguien que apenas puede o sabe argumentarla. A pesar de ello, muchas veces son este último tipo de parásitos el tipo al que más temo, tan común e impredecible que fácilmente te infecta en forma de epidemia.
        El olvido se convirtió así en mi más potente medicamento, capaz de erradicar la plaga que se apoderaba de mi mente casi en su totalidad. Siempre hay quien sobrevive, por supuesto.
        El olvido fue una elección.
        Como todo.
        ¿Y el destino?
        El destino no es otra cosa que la excusa de los hombres para quitarse la presión. Para poder creer que no pueden hacerlo todo. Para poder creer que todo lo que no hacen no es culpa suya.
        El destino es el invento que nos hace felices, el invento que se arraigó en nuestra mente hace tanto tiempo que yo no soy la única que no logra recordarlo.



martes, 23 de septiembre de 2014

Now and again we try, to just stay alive


            Hola. ¿hay alguien ahí? ¿me lees? ¿sí? De acuerdo, entonces, dime...
         
             ¿Qué es lo que esperas encontrar aquí? ¿Besos? ¿Sueños? ¿Destinos? ¿Suerte?. No es una pregunta trampa, no en ese sentido. Es que... Bueno, supongo que no puedo prometerte nada. Ni siquiera yo misma sé lo que siento muchas veces y por eso vine. Necesitaba... pensar. Saber un poco qué es lo que revolotea por mi cabeza. Necesitaba debatir conmigo misma ese sentimiento a veces frustrante, a veces alegre y pensar que, tal vez, alguien piense como yo y pueda dejarse llevar por un instante entre mis palabras. Ver los pros y los contras, decidir qué se debe hacer, plantear un debate en una mente que solo sabe enredar y enredar los hilos, una y otra vez y sin ayuda de nadie. Últimamente el caos de una vida ajetreada e indecisa es lo que guía mi inquieto mundo, incapaz de pararse un solo instante. O puede que sea yo la que no pueda parar un instante.

          No he venido a hablar de amor. No he venido a hablar de filosofía del bien y del mal. No he venido a dar lecciones a nadie ni a intentar cambiar. Lo que yo quiero contar va mucho más allá de todo eso. Es tan simple que cuesta entenderlo y tan sencillo que me duelen las alas por cada palabra que no logro escribir. Lo que yo quiero es hablaros de las cosas que he visto. De todo lo que me gustaría compartir.

         Quiero hablaros del buen consejo que le dio el demonio. De la verdadera realidad que encontraron entre alcohol y botellas. De la sed que les calmó el mar. De la chica que cogió una margarita sin pétalos, incapaz de llegar a saber nunca si él la amaba o no.
          Quiero hablaros de las hojas que crecieron en otoño. Del oro que se utilizó para forjar cadenas. Del último beso que se perdió en el aire, tras el que ella tuvo que marcharse. De la muerte que murió en su inmortalidad.
           Quiero hablaros de momentos increíbles. Quiero hablaros de cuando el viento inspiró. De cuando el oxígeno transportó a la sangre. De cuando las farolas oscurecieron la noche. De cuando el sol congeló a la flor.
            Las piedras crecieron entre la hierba y el poeta olvidó a la primavera pero, al final del todo, cuando parecía que nada más saldría a bailar, el sol siguió a los girasoles.

             ¿Que qué es todo esto? En fin, yo solo traté de alcanzar lo imposible. Yo solo...

              Intenté en vano conseguir con un verso, resumir todo aquello que me dijo con un beso.




viernes, 19 de septiembre de 2014

Dedicate yourself and you can find yourself

           
            Una obsesión me trajo hasta aquí. Una obsesión surrealista, imposible, un objetivo para el cual, por más que estirara los brazos, por más que mi mano se alzara, mis dedos se retorcieran y trataran de crecer, por más que mi cuerpo diera todo lo que podía de sí, no conseguía rozar ni tan siquiera el borde más próximo. Una obsesión por un sueño inalcanzable.
            Cuanto más me acercaba, más se alejaba y yo corría y corría detrás de ella, haciendo hasta enfermiza la persecución a la que día y noche dedicaba mi alma. Yo sabía perfectamente lo que estaba haciendo y lo que nunca podría obtener, pero yo quería volar. Yo quería ser libre, yo quería ser feliz, yo quería... Yo quería tan solo la posibilidad de poder llegar a amarte algún día.
            Por eso, y aunque la noche comienza a desvanecerse entre pensamientos y palabras, entre suspiros y estrellas que poco a poco se van, hoy te habría escrito que me moría por susurrarte una vez más. Por decirte que todo este tiempo he estado allí. Por contarte todas esas cosas que hicimos y que a pesar de todo nunca volverán.
             Una obsesión me trajo hasta aquí. Y ella me gritaba que pasara lo que pasara nunca lo dejaría. Nunca lo abandonaría. Nunca y hasta que no hubiese comprendido que nunca se alcanza lo que no se puede alcanzar. Nunca se alcanza, nunca hasta que se alcanza.
             Rocé con las puntas de mis dedos aquellos retazos de vida que aún murmuraban desde lo alto del cielo y me llamaban a cada instante, rogando que los alcanzara para poder ser feliz.

             Algunas veces, las cosas imposibles nos atraen de tal manera que dejan de llamarnos cuando por fin descansan entre nuestros brazos. Otras veces son tan cabronas que nos dejan probar una cucharadita de su ser para después alejarse hasta su sitio de nuevo y tú, creyendo tenerlo todo, enloqueces ante la falta de lo que un día pudiste acariciar. Fue este sueño el que ya no me deja dormir. Y fue también este sueño el que a pesar de mantenerme en vela cada noche, me obliga a soñar a cada instante.
              Imposible tan solo es una palabra. A veces me la creo, otras no. Pero antes de despedirme, antes de decirte adiós, quiero escribirte que aún a pesar de probar tan solo una cucharadita, te echo tanto de menos que creo que no puedo soportarlo. Quiero escribirte que no entiendo por qué te marchaste. Quiero escribirte que ni aunque lo intente podré jamás dejar de soñarte.

             Quiero escribirte que a pesar de todo lo que he vivido, soy feliz en el camino de cumplirte. Tal vez por eso no quisiste que lo lograra tan pronto. La frustración y el orgullo me consumen, aunque tampoco consigo dejar de pelear. Seguiré persiguiéndote, estúpido sueño escurridizo. Algún día, las estrellas volverán al cielo justo a tiempo para verme sonreír.








domingo, 14 de septiembre de 2014

It's the moment of truth and the moment to lie

Por todas esas veces en las que sientes que de un puñetazo derribarás la pared.
Por todas esas veces en las que cualquier objeto que lleves en la mano corre el riesgo de ser cruelmente aplastado y estrujado por tu puño rabioso.
Por todas esas veces en las que pegar patadas a las cosas parece ser la mejor opción.
Por todas esas veces en las que hacer por ti mismo lo que deben de hacer otros es lo que más se desea en el mundo.
Por todas esas noches de enfado con uno mismo y todos esos momentos de impotencia agarrando cualquier cosa que no sufra al clavar las uñas en él.
Por ese sentimiento así definido que tantas veces parece ser lo único en lo que se puede pensar:
Si pudiera, tan solo, hacer algo...
¿Cuántas veces he dicho eso? ¿Cuántas? ¿Y cuántas veces era real?
Seguro que ni la mitad de ellas.
Supongo que es el orgullo lo que lo promueve. La soberbia, la falsa certeza, la creencia de que esto saldrá bien, de que todo irá como esperas. Todo irá como esperas aun sin que nadie te lo haya garantizado porque, a pesar de ser algo que a nadie le importa, porque a nadie le incumbe, tú no puedes sacártelo de la cabeza.
Deseas que alguien te hable y te diga lo que quieres oír. Que deje de decirte que lo hagas por ti mismo y pronuncie que todo saldrá bien, que todo va a salir bien, que este momento de duda y silencio no es si no un pequeño descuido, un leve olvido sin importancia, un efímero instante que existió por mero azar.
Y tú, inútil, impotente, deseas poder llegar a creerlo.
Porque cada vez que lo intentas sabes que es algo que no va contigo, estúpida e incongruente razón ésta. ¿No va contigo? ¿Con quién, entonces? Y de este modo te quedas congelado, congelada a medio camino sin atreverte a hacer.

          También más personas han de poner de su parte. 

          Y así es como queda la excusa, flotante e indiferente, conduciéndonos a la nada. Quién sabe. Quizás él, quizás ella, quizás ellos estén pensando lo mismo que tú y por eso esperan. O quizás ya están haciendo todo lo que pueden y solo necesitan un pequeño empujoncito que no te pueden pedir, demasiado absortos en complacerte. O quizás no. Quizás nada de esto sea cierto. Y ya está. Así de fácil.
Lo sé. Esto es precisamente lo que no quieres oír. Lo que no quieres que te digan. De lo que no quieres darte cuenta porque tu propio orgullo te lo prohíbe.
Entonces estará bien. Si eso es lo que te hace feliz, tranquilo, tranquila:
Todo saldrá bien. Tan solo... dale un poco más de tiempo. No está si no esperando el momento de salir de nuevo a bailar. De salir de nuevo a quererte. De salir de nuevo a cumplir lo que esperas de él, de ella, de ellos.
Tal vez los días pasen. El tiempo. El sentimiento desaparecerá pronto y con ello toda la historia que esperabas vivir. Las cosas volverán a su cauce. Todo habrá sido una anécdota de la que, a veces, te arrepentirás con nostalgia y sin sufrimiento.                                                                                                   De todas formas... no pudiste hacer nada, ¿no?.




lunes, 8 de septiembre de 2014

Take this life and make it yours

No volverá a contestar. No volverá a llamarte. No volverá a gritar tu nombre ni a decirte que te quiere. No mirará más el teléfono esperando que suene. No leerá más novelas imaginando que os convertís en héroes de mundos que luchan contra el destino. No soñará contigo ni despertará esperando que estés a su lado. No volverá a pedirte que le sonrías ni recogerá tus lágrimas para evitar que llores. No lo hará. No lo hará nunca más.
Y si la realidad duele y necesita de alguien que la entienda, tal vez ni el momento ni el lugar sean apropiados ahora.
¿Qué es lo que tienes que hacer? no lo sé.
¿Quién podría saberlo?
Nadie puede saber como enfrentar a los corazones rotos. Nadie puede saber como enfrentar a las alas cortadas. Nadie puede decirte cómo has de actuar a partir de aquí.
Deja de mirar fotos. Deja de mirar el móvil. Deja de mirar últimas conexiones y lo que hace cada noche sin ti. No es fácil ¿verdad? Lo sé. Pero aquí va un consejo que jamás debiste de olvidar.
La vida es tuya y como tuya ha de seguir siempre. Siempre. A veces somos felices compartiendo más de lo que deberíamos pero, es un riesgo que todos aceptamos correr. ¿Por qué no íbamos a hacerlo? Compartir un pedazo de ti mismo es tan... agradable. Creer que formas parte de algo más allá de tu propio ser.
Puaj.
Qué empalagosa eres.
Es cierto. Pero me dí cuenta de algo.
Depender de alguien te hace feliz. No depender de nadie también. Y eso es algo que tendemos a olvidar con demasiada facilidad. ¿No crees?.
¿Idealización?
Quizás. Pero yo creo que es más bien... infravalorar el estar solo. Lo cual también es una tontería ya que, puede que no tengas a alguien con quien compartirlo todo. Pero siempre te han de quedar aquellos que llevan contigo toda una vida y que, pase lo que pase, se mantendrán a tu lado sin dejarte jamás.
Los amores van y vienen. Suelen hacerte feliz.
Pero ellos, tus amigos, se quedan. Siempre te harán feliz. No lo olvides.




jueves, 4 de septiembre de 2014

But I will never give up

         Las amistades forjadas en batalla son las que verdaderamente te acompañarán hasta el fin de tus días. Los ojos están abiertos y las cosas son crueles ahí fuera. El fuego arde con intensidad, iluminando el camino de muchos, convirtiendo en cenizas a tantos otros. Pero nosotros correremos como si nos fuese la vida en ello, no hay más camino que el que deja cada huella ni más sendero que el que queda tras nosotros al pasar. Dame la mano, lucha, no abandonaremos, no podrán con nosotros porque sabemos lo que queremos, sabemos por lo que luchamos. No nos rendiremos. Jamás.
         Olvida todo lo que dejó de importar cuando estalló el cielo, olvida todo lo que inútilmente nos acosa y hunde, olvida todas las cosas que se nos escapan entre los dedos continuamente, una y otra vez. ¿Por qué nos empeñamos en atraparlas? Cerrar los puños con fuerza y esperar a que no nos dejen, pero lo harán, si eso es lo que quieren. Nada nos pertenece ni a nada le pertenecemos, no debemos, no hay obligación, no hay deudas ni tenemos que. Tan solo vivamos con lo que nos dieron al nacer ¿acaso se requiere algo más? Toma tu libertad, toma tu voz, toma tus sentidos. Corre y grita, siéntete bien, nunca sueltes mi mano y luchemos por nuestro futuro. Deseo darte las gracias y pensar que algún día podré darte todo lo que tú me estás dando a mí. Deseo ver arder los recuerdos de un pasado que empaña nuestro presente y vivir un futuro en el que las normas solo signifiquen respeto entre nosotros. No volverás a derramar una lágrima porque yo estaré ahí para recogerla y arrancarte esa sonrisa que hace que el mundo aparezca un poquito más bello.
          Será como un encuentro entre la luna y el sol.
          Será como el reclamo que llama al mundo a seguir girando.
          Será como una primavera llena de flores, como las olas acariciando tus pies.
          Será como preguntar a las hadas si están seguras de saber a dónde van.
         ¿No suena muy real?
          Bueno, tal vez pueda intentar que lo sea.


lunes, 1 de septiembre de 2014

It's times like these, you learn to live again

           Con la vista clavada en el cielo y las olas acariciándole los pies, deseó no tener que moverse de allí nunca más. Algunas nubes surcaban el cielo y tapaban momentáneamente el sol, haciendo que el mundo pareciera un poco más oscuro de lo que ya era. Una lágrima recorrió su mejilla y se perdió en la ola que la recogió, salada y triste. Se sorbió los mocos y se limpió la humedad del pómulo mientras se tragaba sus remordimientos.
          Alguien se acercó hasta ella amparado en el silencio de las pisadas en la arena y la abrazó por la espalda, apoyando la cabeza en su hombro. Ella alzó la mano y le acarició la cara mientras mil pensamientos volaban a través de su mente. Se echó a llorar de nuevo. Solo quería protegerlos a todos y ahora, se había convertido en un monstruo. No lograba comprender por qué él seguía a su lado. Tal vez algún día lo entendería.
          El chico la abrazó con más fuerza y después la obligó a darse la vuelta, a mirarlo a los ojos. Ella no quería moverse. No quería moverse de allí. Le gustaba ese sitio. Le gustaba ver al mar y al cielo unirse en el fin del mundo y preguntarse si se llevarían bien, o si tal vez tenían envidia el uno del otro. Él la miró a los ojos y sonrió. Siempre se portaba bien, siempre. ¿Por qué? Se acercó lentamente para darle un beso en la boca, pero ella no creyó merecerlo y retrocedió, tropezando torpemente consigo misma y cayendo al suelo. Él cayó encima de ella y le agarró las muñecas. Sus ojos grises no revelaban enfado, no revelaban ira, ni siquiera miedo. La conocía, conocía lo que había hecho y aún así no parecía importarle.
         Lentamente, se inclinó y le rozó los labios en un leve beso cargado de sensaciones. Una suave brisa removió los cabellos de ambos y pintó una sonrisa en la cara de él.
        -¿Por qué? - preguntó ella entre sollozos.
         Él sacudió la cabeza, se retiró hacia un lado y se quedó sentado sobre la arena. Aspiró con fuerza el olor del mar y dejó que el movimiento de las olas inundara sus sentidos. No importaba lo tranquilo que estuviera el mundo, si no era capaz de estar en paz consigo mismo. Ella lo sabía y por eso no lograba sentir nada más allá del caos. Daba igual dónde se encontrara.
        El chico finalmente soltó el aire de sus pulmones y lentamente abrió los ojos. Cogió un puñado de fina arena blanca y lo dejó volar con el  viento mientras sonreía sin saber muy bien por qué. Después, despegó los labios y murmuró varias palabras:
       -Crees que tus manos manchadas empañan tu vida y que nada puedes hacer ya. No estoy de acuerdo con lo que has hecho, pero ahora no hay vuelta atrás, deja de torturarte. No se trata de llevar una vida sin arrepentimientos. Se trata de aceptarlos. Y de vivir. De vivir una vida de sueños y sensaciones. De vivir una vida sin dejar sin hacer. Yo confío en ti y sueño con estar a tu lado. Dime ¿confías tú en ti misma?