lunes, 1 de diciembre de 2014

And even if I am crazy is 'cause you make me this way


      Todavía en su mente podía ver aquel campo completamente poblado de rosas. Aquel cielo tan claro y azul que amparaba al sol en un lecho celeste, con retazos sucios de nubes surcándolo sin llegar nunca a tapar un ápice de su belleza. Ahora la ceniza cubre todo lo que ante ella antaño se desplegaba, ahogando con su permanencia todo rastro de luz y sombra, de color. No hay flores ni hierba, no hay sol, no hay ni tan siquiera un puñado de pájaros que contemplar desde la seguridad de nuestro suelo, alzando la cabeza para verlos pasar. No hay nada. Nada que merezca la pena recordar. La muerte y el desierto se apoderaron de todo lo que allí había y las criaturas renegadas, aquellas a las que nadie quiso nunca, habían vuelto a la tierra para poblarla. A nadie le importa, en realidad, porque ya nadie puede vivir allí. Es una necrópolis. Es un auténtico cementerio sin lápidas, en el que los espíritus de todo lo que algún día habitó aquel lugar vagan de un lado para otro, como ánimas errantes que no tienen a dónde ir. Que no tienen a quien quejarse. Que no tienen ni siquiera a quien atormentar.

      Ella era una chica frágil. Aparentemente. Su cuerpecito parecía minúsculo ante la inmensidad del desierto cubierto de bruma y su cabello negro ondeaba acompasadamente mecido por la brisa del árido páramo. Caminaba con paso decidido, sin dudar un solo instante, sin ni tan siquiera guardar un suspiro la afilada y cuidadosamente forjada hoja que empuñaba en la mano derecha.
     Había ido a buscar a alguien.
     A alguien a quien quiso alguna vez.
     Venía a reclamarle lo que era de ella, a decirle que no siempre pensó así. Que a pesar de todo lo que habían cambiado las cosas, no se había dejado llevar. Habían ocurrido muchas cosas, habían tomado muchas decisiones. No siempre eligieron lo correcto, no siempre eligieron lo que era bueno para los dos. Pero ella quería recuperar lo que por derecho era suyo, al margen de todo lo que hubiera podido equivocarse en el pasado.
     También era, realmente, de él.
     Y él también estaba esperando a alguien. A alguien a quien quiso alguna vez. Y que sabía que volvería con el ceño fruncido y el brillo de la ira en los ojos. También las lágrimas de la nostalgia apartadas por el odio, pero presentes en su mirada.
     Salió de su cueva, esperando, inexplicablemente, ver el sol. No podía recordar cuándo fue la última vez que lo vio. Supuso que justo antes de separarse de ella. Justo antes de llegar a ser lo que era. Lo que eran ahora.
     Y apareció. Lentamente entre la niebla de la arena en suspensión, como una silueta hermosa y oscura, recortada contra el horizonte. Su mano derecha llevaba el arma que acabaría con él. Su espalda albergaba dos alas tan negras como el rencor que la envolvía. Él, lejos de odiarla, la miró con compasión, con nostalgia, incluso con un poquito de aquello que había sentido tiempo atrás, cuando se despertaban juntos entre las sábanas acariciados por un sol demasiado madrugador para el estilo de vida que pretendían llevar. Se adelantó, fue a su encuentro, en realidad.
       "No estoy dudando. Podemos hacer cualquier cosa" le había dicho una vez. Hundió sus garras en el suelo, cabreado consigo mismo y con todo el mundo en general. Era dueño y señor, era el ser más poderoso de la historia. Las leyendas hablarían de él. Los cuentos. De sus alas doradas y sus indestructibles escamas, de sus ojos color aguamarina y del fuego púrpura que exhalaba por su boca. Pero ¿de qué servía todo eso? ¿de qué le sirve la fama a un infeliz?
         Alzaron el vuelo. Y el dragón luchó contra el ángel caído. Y ambos recordaron cuando no eran otra cosa que dos personas más. Un chico y una chica corrientes que trataban de sobrevivir juntos entre el ruido y el bullicio de la gran ciudad. De ser felices en el gentío, de destacar en algo.
         Cualquiera que hubiera pasado en ese momento caminando bajo la guarida del dragón habría podido alzar la cabeza ante el inexplicable sonido metálico y lo habría visto. Habría visto lo que el mundo le ha hecho al corazón. Habría visto que, a veces, los sentimientos no son suficientes y que para conquistar el cielo, primero, necesitas aprender a volar.


domingo, 23 de noviembre de 2014

Once upon a time

       Supongo que es una sensación muy desagradable la de ser consciente de que este beso será el último y que nunca más volveré a saber lo que se siente al tocarte. Pero créeme cuando te digo, que es mucho peor darte ese beso sin la certeza de que será el último. Porque tan solo será uno más entre suspiros y trataré de volver a ti como cada día. Pero no será así. Y solo me daré cuenta de ello cuando ya sea demasiado tarde.
        Trata de imaginar, por un instante, cómo me siento al saber que este cuento de hadas no tendrá un final feliz. Y que no fui capaz de sospecharlo. Las cosas no salen bien siempre, aunque lo intentemos y ahora, me hundo en la agonía de una rutina que me evoca a cada instante que algún día estuviste allí.
        Recuerdo hace tiempo, cuando sólo me atrevía mirarte en la distancia y a juguetear nerviosa con mi pelo incapaz de ir a decirte nada. Recuerdo tener miedo a que alguien se me adelantara, y miedo a acercarme y a que no reaccionaras como a mi me gustaría. Recuerdo darle vueltas a cada mirada, a cada gesto, a cada palabra y creer que tal vez estaba agobiándote, aunque realmente no hiciera nada. Qué voy a decirte, fuiste tú el que dejó claro que los fairy tales no eran para ti. No eran para mí tampoco. Eso pensaba.
        Puedo vivir sola. Puedo ser feliz sola. No te necesito. No necesito a nadie y lo sé.
        Sin embargo, a pesar de todo tendré que recorrer el camino que me permita olvidarte. Tengo que conseguir que verte deje de suponer esta sensación tan extraña.
        Y aun así, me gustaría volver atrás sabiendo que ese beso que aún no te he dado será el último. Quizás nada hubiera variado, pero para mí sí habría sido diferente. Sí habría cambiado todo. Saber que tengo que disfrutar de ese momento de una manera distinta a la que lo hice. Saber que nunca más volverá a pasar.
        Lo cierto es que ya no tengo ganas de volver a verte. Ya no tengo ganas de que vuelvas. Y lo peor es que escribo esto escuchando la canción que escribió un iluso con suerte. Un iluso que tal vez si consiguió lo que nosotros dejamos escapar.
        Pero.
        Ya basta de lamentos y de deseos inútiles que se pierden entre los pensamientos de nuestra ajetreada mente. Ya basta de niñas que no pueden sobrevivir sin un príncipe azul. Ya basta de cuentos y de besos que nos despierten. Ya basta de historias absurdas en las que no se nos permite luchar. Ya basta de buscar ese ser perfectas solamente para que los demás nos vean guapas y nos acepten.
        Obviamente que te echaré de menos. Obviamente que me costará olvidarte. Obviamente que aun me queda mucho helado por comer, y muchos dibujos animados que ver mientras el recuerdo de tu tacto me sorprende por las noches en vela.
        Obviamente que no descarto volver a enamorarme. Volver a sufrir otra vez, si se da el caso.
         Pero sé que podré seguir adelante, porque no te necesito para siempre. Porque yo sola viviré en mi felicidad, más allá de toda la dependencia a la que quisiste acostumbrarme.
        Solo espero que aún después de todo y sin mí, logres ser feliz algún día. No encontrarás a otra como yo. Nunca. Te lo aseguro. Y te acordarás por mucho tiempo. Pero quién sabe. Todos tendemos a olvidar las cosas malas y a quedarnos con lo bueno, así que quizás volvamos a ser amigos algún día. Recuerda entonces que, en este mundo, sobran los deseos y faltan las decisiones así que, no espero que seas feliz.
        Simplemente, sé feliz.


sábado, 15 de noviembre de 2014

Before you start a war, you better know what you're fighting for


        Sí. Lo he hecho. He caído. Me he dejado caer. Lentamente entre las nubes y con los ojos entrecerrados a causa del sol que, alto y amarillo, arrancaba reflejos dorados en mi pelo. Soy demasiado real para un mundo tan perfecto. Pero también soy demasiado perfecto para un mundo tan sucio. Me dejé caer mientras el viento oponía inútil resistencia ante un cuerpo condenado que disfrutaba con esa sensación. Mientras las nubes etéreas y heladoras se apartaban a mi paso temerosas de que las pudiera romper. No utilicé mis alas, no las usé ni una sola vez y ahora, sangrantes y agujereadas por las miles de balas que me dispararon al llegar, no volverán a alzarme en las alturas de nuevo, nunca más. Lo cierto es, sin embargo, que no me importa en absoluto que el cielo me haya cerrado sus puertas. Que ya no pueda volver allí. En esta noche fría y clara me doy cuenta que las estrellas se cuentan por millones a ras de suelo y que la oscuridad que se entrelaza con ellas, dándoles una negra matriz en la que sobrevivir, posee un misterioso e incierto encanto que por fin logro comprender.
Siempre temí que mis alas se volvieran sombrías. Ahora su color es tan inútil como la función para la que fueron creadas. No lloraré por no poder volver a volar. He perdido y aún así no me arrepiento de nada de lo que he hecho, de ninguna de las razones por las que vine y de ninguna de las decisiones que tomé. Unas decisiones que hicieron que mi futuro confluyera en esta situación.
       La luna se ve tan pequeña y fina en forma de cáscara de sandía, tan lejana y suave en la noche que se me aparece realmente bella. No queráis verla de cerca. Olvidad esa obsesión. No es como pensáis. Toda su plateada perfección se pierde entre las incontables cicatrices que le perforan la cara casi por completo. No merece la pena.

      Un suspiro perdido en el aire y creo que sobre esta colina en medio de la noche exhalaré mis últimos rezos, si es que aún me queda algo de fe. Tomé mis armas para bajar hasta aquí. Renegué de lo que era. Luché por una vida más allá de sobrevivir. Luché por un sentimiento que quería conservar. Luché yo solo. Moriré yo solo. Y ahora, esta sonrisa de satisfacción invade mis labios. Mis ojos brillan vidriosos, mi pelo se revuelve ligeramente mecido por la brisa mientras una gota de sangre golpea el césped y rebota sobre un pequeño trozo de tierra desnudo. He sido un soñador. He venido a buscarte.
      Sentado sobre la hierba y alejado de todo lo que un día conocí, de todos los ruidos humanos y de todos los corazones con plumas, observo los primeros rayos de sol amanecer por el desnudo horizonte. El rocío se posa sobre las pequeñas briznas de hierba. El viento me trae un beso de jazmín.
     Soy feliz por haber engañado al destino. Soy feliz por haber luchado hasta el final. Soy feliz por saber que, aunque mis días terminen aquí y mi dolor no haya podido ser solucionado, en alguna parte, en algún lugar, en algún punto de este mundo o del mío habrá alguien que sepa quién soy. Habrá alguien que sepa lo que hice. Que narre mi historia para bien o para mal. Que cubra con odio o con gloria sus palabras sencillas o enrevesadas, desnudas o adornadas, románticas o impropias. Sea como sea, lo conseguí. Sea como sea, no me despido de este mundo porque, aunque yo me vaya, sé que mi memoria perdurará por un tiempo. Nunca se sabe cuán largo será ese intervalo pero, por lo menos, me permitiré vivir un poquito más. Ver que el olvido no será mi peligro y que, después de todo, nadie muere mientras aún es recordado.




viernes, 14 de noviembre de 2014

Hey! Hey! You! You!


           ¡Eh tú! La de ahí, la que me mira con esa cara.
           ¿Qué crees que estás haciendo?
           Espero que algo de provecho, aunque podría jugarme el cuello a que no. También está bien no hacerlo de vez en cuando. Aunque... tal vez si me estás leyendo sí estés haciendo algo de provecho. Es broma, eso sólo depende de ti. Yo únicamente pretendo entretenerte.
         
          ¡Eh tú! El de ahí, sí, el de detrás de la pantalla.
          ¿Qué crees que estás haciendo dándole tantas vueltas al asunto que te trae de cabeza?
          Puedes solucionarlo y lo sabes. ¿A qué esperas?
          Dile lo que piensas y acaba con tus dudas de una vez. No tienes nada que perder. Y si no lo haces... sí, perderás el tiempo y sufrirás la duda. Creeme, es duro y lo sé. Es un riesgo que hay que correr, es un riesgo que hay que asumir. Sólo el miedo al fracaso te llevará al fracaso. Eres mejor que todo eso. Eres mejor que ellos. Puedes hacerlo. No hay nadie por encima de ti así que deja las excusas y ten el valor de creertelo.

          ¡En tú! El que se agobia, la que tiene mil cosas que hacer. El que tiene que estudiar y trabajar, la que no consigue que le salgan bien los entrenos y no rinde todo lo que puede en los partidos. El que está frustrado porque las cosas no están saliendo bien, el que se esfuerza y no lo consigue, la que suspende tras haber estudiado, la que no llega a todo, el que no consigue trabajo, el que no tiene pasta ni para salir una noche. Respirad.
          El que brinda con cerveza y la que juega al futbolín con sus amigos en un humilde rato de parón. Disfrutad.
          ¿Sabéis? Creo que... somos mejores. Somos mejores de lo que creemos. Somos lo mejor de lo mejor. El único problema es ese. Creerlo. Cree que puedes hacerlo, y lo harás. Inténtalo y fracasa, pero sigue creyendo. Sólo los que lo intentan lo consiguen. ¿Si o no?

         Porque estamos en una época en la que nos está tocando pagar todos los patos, en la que nuestro futuro nos conduce a convertirnos en emigrantes, a acabar en quién sabe donde y trabajando de quién sabe qué. En la que cada vez nos exigen más y nos valoran menos. Porque somos la generación nini. ¿En serio?.
        Estudiamos, trasnochamos y bebemos café para poder cumplir nuestros sueños, unos sueños que poco a poco evolucionan y que solo el tiempo conoce a dónde nos llevarán. Para muchos, va a ser todo un reto cumplirlos pero ¿sabéis qué? Creo que, después de todo, estamos sacándonos las castañas del fuego entre todos, estamos sabiendo llevarlo bastante bien. A pesar de que aún nos queda un largo camino por delante, todo hay que decirlo, Trabajamos, protestamos, seguimos adelante. Nos ha tocado una época jodida. Pero, aunque las cosas se compliquen, siempre
encontramos una salida. Cuando creemos en ella. Y aunque todo nuestro trabajo acabe en sobres y en paraísos fiscales, poco a poco, nos vamos dando cuenta de lo que debemos hacer.
         O al menos, eso es lo que quiero pensar.


viernes, 7 de noviembre de 2014

I'm gonna live like tomorrow doesn't exist


          Lávate las manos. Duerme ocho horas. Levántate para ir a trabajar. Apaga las luces cuando salgas. Llega cinco minutos antes. No hables con la boca llena ni apoyes los codos en la mesa. Vístete de rosa si eres chica y piensa en cosas ñoñas. Vístete de azul si eres chico y juega al fútbol, sobre todo, intenta ser el mejor en eso.
        Estudia mucho, busca a alguien que te quiera y forma una familia. Ten muchos hijos y dales de comer. Educalos como te educaron a ti. Enséñales a luchar por sus sueños y a no rendirse nunca, a conservar a sus amigos y a tener unos ideales, a no desaprovechar el tiempo jamás.
       Fumar es malo, también beber, también automedicarse. Haz deporte pero no en exceso, controla tu tensión arterial, depílate y, si eres una mujer, maquíllate.
       Que no se te ocurra salir sin depilar o sin maquillar porque serás una dejada.
       Respeta a tus mayores, pon la lavadora, tiende en la terraza, cómprate un buen coche, una inmensa casa y un traje a medida, un vestido que te siente increíblemente bien.
       Lee cosas que te entretengan y mira la tele, mira juego de tronos y pretty little liars, escucha house o regaeton, sal por las noches, emborráchate y liga mucho, pásatelo bien sin olvidar que mañana tienes que estudiar.

      No importa, no tienes por qué tomarme en serio, tan sólo estoy borracha. No intentes entender lo que estoy diciendo. Yo lo hice y mírame. Mañana se me habrá pasado. Miro al cielo cubierto de estrellas. Te miro a ti. Después a mis propios consejos. Este río de frases estúpidas lleva toda la noche emborronando las conexiones que en vano intentan realizar mis neuronas. De nuevo solamente soy una más pero... ¿Sabes? No quiero despertar. Quiero que mi vaso continúe lleno toda la noche. Quiero que el sol olvide por un día que tiene que salir. Y seguir bebiendo. Decir que vivimos condicionados es un tópico, pero si no nos gustara la rutina no la seguiríamos de esta manera. Quiero creer que no me queda alternativa. Que no hay otra cosa que pueda hacer. Que es mi obligación biológica determinada por una sociedad que necesita un orden para funcionar.
       En realidad, sólo quiero seguir bebiendo.
       Es una respuesta tan vacía que me dan ganas de llorar. Odio maquillarme. Odio ver en la tele a mujeres limpiando. Odio a los niños. Odio la música pop y las hamburguesas del McDonald's. Odio las relaciones serias y la idea de algo que me obligue a casarme. Odio las mesas para diestros. Odio los horarios, aunque quizás eso sí podría tolerarlo. Odio los ositos de gominola. Odio las mallas. Odio Friends. Y odio también la resaca. Odio muchas cosas que no puedo admitir, porque sonaría demasiado raro.
      No importa. Mañana se me habrá pasado y quizás ya no recuerde que las odio.
      En realidad, sólo quiero seguir bebiendo.
      ¿Por qué?
      Porque es la única cosa aceptada que no odio y que me permite que, por un momento, no me importe que a la gente no le guste que la odie.
      Porque lo que odio de la gente, en realidad, es que no me deje odiar a mis propios odios. Sólo porque ellos han establecido que las cosas tengan que ser así.
     Supongo que no todos tienen la culpa.
     O quizás sí por aceptarlo.




     

viernes, 31 de octubre de 2014

These are the days we won't regret


         Ni siquiera había terminado de hablar cuando le dio la vuelta al reloj de arena. El tiempo dio un giro inesperado y los diminutos granos comenzaron a caer de nuevo.
   
       ¿Cambiar? ¿Por qué iba a querer yo eso?
       Mucha gente se desvive por un cambio. No lo sé. Pregúntales a ellos.
       Cambiar. Como si fuera algo tan sencillo. Parece mentira, pero nunca me lo había planteado. ¿Quién iba a querer algo así? Aunque ahora que lo preguntas... lo primero de todo... defíneme el término cambiar.
        Hmm... Cambiar es algo así como... ser diferente a como hasta ahora has sido. Pensar de manera distinta, actuar de manera distinta. Que la gente te mire y no sea capaz de predecir lo que vas a contar. Que no sepa cómo te vas a sentir o qué es lo que vas a decir, cuál será tu reacción ante una situación determinada. Por lo menos, no hasta que se acostumbren a tu nuevo tú.
       Mi nuevo yo...

       La niña alzó la cabeza y miró risueña hacia el cielo, con sus neuronas trabajando sin parar, tratando de comprender con un leve parpadeo lo que fuera que su amigo intentaba decirle.

        Que la gente se desviva por un cambio. Solamente se me ocurre una razón para ello y es que no se sientan a gusto con ellos mismos, pero no saben que lo que quieren no es posible sin más. Los cambios son algo involuntario, algo inconsciente producto del tiempo y la experiencia. Una persona se hace poco a poco, con cada una de sus decisiones, con sus aciertos y sus errores. Cierto es que hay que tratar de corregir estos últimos, pero no deja de ser algo que ha de salir de ti y algunas veces, consideramos un error acierto y un acierto error así que todo lo demás es inútil. No estamos seguros. No podemos cambiar. ¿Para qué? ¿Qué ha pasado con la originalidad y el sé tú mismo?
     
     Su amigo se rió al verla tan concentrada en sus cavilaciones, sentada sobre el césped y con la cabeza echada para atrás, contemplando el cielo despejado a través del entramado de ramas y verdes hojas del árbol bajo el que se resguardaban de un sol casi insoportable aún a esas alturas del año.

      Creo que te estás complicando demasiado. Yo nunca te hablé de un cambio radical. De hecho en realidad, nunca te hablé de nada. Tú solita te has metido en esta camisa de once varas.

     Con una leve risa le dio un golpecito al reloj de arena, que quedó tumbado sobre el suelo dejando de correr. Le encantaba hacer eso. Era como parar el tiempo y respirar. Como aparecerse lejos del caos y del ruido, lejos de todo lo que no importa.

     Pienso que las personas van más allá de todo lo que quieren creer. Estamos condenados a cambiar, pero no creo que eso sea algo malo. Una persona son hechos y acciones que la conforman poco a poco, haciéndola distinta a cada momento. Somos libres condicionados por una situación, por una época, por un lugar y... quién sabe, tal vez también por un dios o por un destino. Tal vez fue ese destino el que me trajo a estar hoy aquí contigo, o la suerte. La vida es muy compleja.

       Soltó una leve carcajada consciente de lo que acababa de decir, y esperó sin dejar de sonreír la reacción de su amiga.

      ¿Suerte? Yo no creo en la suerte ¿sabes? Tú tienes razón, en parte - la niña tomó el reloj de arena tumbado, sin girarlo otra vez, sin dejar que el tiempo volviera a su cauce - mis decisiones conforman mi futuro. Y para bien o para mal, no me arrepiento de ni una sola de ellas.




domingo, 26 de octubre de 2014

But that's not really her style

      Hay algunas veces en la vida, pequeños y contados momentos en los que todo lo que se movía a tu alrededor, de pronto, deja de girar. Solo es un breve instante, un suspiro del tiempo tras el cual, te das cuenta de que todo ha cambiado. Que todo lo que pensabas es inútil y que todos tus ideales se han convertido en pequeños juegos que ya no justifican nada. Ni siquiera a ti mismo. Porque de pronto nada es como antes. Porque ellos te miran diferente. Porque ellos se mueven diferente. Porque el viento sopla diferente. Porque el mundo gira diferente. Porque todo es diferente. De repente. De un momento a otro.
      Después lo piensas un poco y no alcanzas ninguna conclusión.
      Bueno, una tal vez sí. Y es que tiene que haber una razón. Tiene que haber algo que haya hecho que todo tu universo se dé la vuelta sin venir a cuento.
      Por suerte, aún hay retazos de cordura en el fondo de tu mente y no achacas lo inexplicable a cosas estúpidas como el hecho de que te hayas enamorado. Que hayas cambiado de vida o de lugar. Que hayas conocido a alguien que jamás imaginaste que entraría en tu vida o que quizás jamás imaginaste que lo haría de ese modo. Nada acaba como parece empezar. Creo.
   
      Los coches se mueven demasiado rápido. Como la gente. Todos corren, estresados, con sus móviles y batas, con sus maletines y americanas, con sus corbatas o sus faldas de tubo y tacones. Los que pueden hacerlo, al menos. O los que están condenados a hacerlo, quién sabe. Los continuos golpeteos que emite el suelo ante las prisas, como monótonos quejidos de algo a lo que no agradecemos todo lo que hace por nosotros, resuenan sin cesar en las aceras. Nadie puede parar un instante. No lo consiguen. Ni siquiera para suspirar antes de echar a andar de nuevo. O para mirar al sol. ¿Es eso lo que ha cambiado? ¿O simplemente es que te has dado cuenta de ello?
     Confiésalo. La marea te ha arrastrado con ella y ahora tú tampoco puedes parar. Es duro darse cuenta ¿verdad?.
     Tal vez no sea el mundo el que ha cambiado.
     Tal vez no sean los demás los que te miran diferente. Ni los que cantan diferente.
     Tal vez no haya sido el mundo el que haya dejado de girar por un instante.
     Tal vez lo único que ha despertado hayas sido tú.
     En ese caso, tranquilo, tranquila.
     Aún estás a tiempo de sonreír de nuevo. De detenerte un segundo y respirar. De observar lo que te rodea y pensar que todavía no está todo perdido.

   

domingo, 19 de octubre de 2014

Secrets I have held in my heart, are harder to hide than I thought


           Si la papeleta se cae, volveré a colocarla. Si se borra, la escribiré de nuevo mejor. Si se rompe, la pegaré con celo. Si la tachan, la redactaré otra vez. Y aunque manchada y vieja, mil veces curada y mil veces reparada, la papeleta seguirá ahí, sobre mi cabeza, sobre mis mañanas. Recordándome cada vez que abra los ojos que lo más importante es que me crea mis propios sueños.
          Sin embargo... ¿cuáles son esos sueños?
          Sólo vivir sin límite no es suficiente. Tampoco creer en lo imposible. Probablemente esas cosas tan solo sean la parte difícil del embrollo.
          Tengo miedo al cambio. Tengo miedo al sentido de pensar que hoy quiero esto, y mañana prefiero otra cosa. Dediqué mi vida entera hasta hoy a hacerme fuerte, cayendo una y otra vez, golpeando cien veces a la misma piedra, combatiendo doscientas a los mismos problemas. Pero ¿y de qué me servirá todo eso si no consigo tener las cosas claras?
         Ni siquiera sé si es la cobardía lo que me echa para atrás. El miedo a salir de una vida que me gusta. O el planteamiento objetivo de que cada cosa que deseo termina por desvanecerse en mi mente, al descubrir otra aparentemente mejor.
     
         Sus pensamientos se escapaban con el viento que agitaba su lacia melena negra. Sus piernas colgaban hacia el infinito, donde un estrecho riachuelo serpenteaba entre las montañas. El puente de piedra sobre el que se sentaba conectaba dos altos acantilados a los que ella siempre acudía a reflexionar.

         Recordó todos los papeles que decoraban su habitación, todos llenos de frases y consejos que muchas veces, le hacían todo más fácil. Nunca creyó necesitar usarlos y ahora, sentía la necesidad de leerlos continuamente, una y otra vez.
   
        "Nunca quise enamorarme" pensó entonces.
        "Nunca quise nada de esto y a pesar de ello, me tocó. ¿Qué es lo que debo de hacer ahora? Qué es lo debo de hacer si yo ni siquiera sé si tú..."

         Cerró los ojos con fuerza y dejó caer la cabeza. La solución era sencilla. No podía dejar que nada la hiciese débil, porque el destino de los débiles no es otro que el fracaso. Después de tanto tiempo, un simple sentimiento como ese no conseguiría acabar con ella, no conseguiría ser tan difícil de controlar, tan difícil de mantener a raya. Apretando los labios, alzó la cabeza y miró hacia el horizonte. Se puso de pie sobre la barandilla. El viento sopló de nuevo haciendo que sus cabellos se agitaran otra vez, haciendo que sus ojos brillaran con intensidad, haciendo que sus puños se apretaran, haciendo que su cuerpo se relajara y una sonrisa consiguiera aflorar. Se sintió ella misma un vez más y el pensamiento recorrió todos sus nervios.
          "El mundo es mío."

         

sábado, 4 de octubre de 2014

So take this wine and drink with me

Así es como llego a la conclusión de que ninguna de las historias queda jamás en el tintero. Toda historia que no puede ser, de alguna manera, es. No de la forma que nos gustaría ni de la que esperábamos que fuera, pero de algún modo ocurre la historia. De algún modo se tuerce convirtiéndose en lo que no esperábamos que fuera.
Por ejemplo.
Creíste que te enamorarías, que vivirías con él una bonita historia de amor que habría durado años, meses o quien sabe, tal vez tan solo unos días. Tal vez no estabais hechos el uno para el otro ni habríais podido aguantaros mutuamente más allá de la pasión de los primeros polvos. Pero eso es algo que querías descubrir por ti misma, vivir la experiencia y decidir. 
Sin embargo, te entró miedo, te entró la desesperación de pensar que él te gustaba como nadie antes y eso podía significar un para siempre. En una posibilidad ínfima y oculta, pero existía, mayor que con cualquier otro con el que pudieras haber estado antes. Y a ti te dan miedo los para siempres, ¿A quién no?. Lo dejaste correr. Lo dejaste marchar. Y creíste que una bella historia quedó para siempre en el tintero.
Pero en el tintero no quedó nada, porque nunca puede quedar nada. La pluma se deslizó por el papel con la misma delicadeza con la que siempre se deslizaba. Escribió que tenías miedo y escribió que fuiste cruel. Escribió que lo lamentarías, que cada vez que lo vieras pasar te morderías el labio con rabia y arrepentimiento, escribió que todo contacto posterior con él te traería una pizca de su cariño. Una pizca que jamás sería suficiente de tan solo pensar en lo que podrías haber tenido.
Pero también escribió que no te arrepentiste de tus decisiones, que al fin y al cabo, podías haber vuelto a él, y nunca lo hiciste. Porque el miedo seguía latiendo. Al principio. Luego asumiste que él nunca fue para ti. Y seguiste tu vida de la misma manera que él siguió la suya.
La pluma escribe siempre. Lentamente y con perfecta caligrafía, ajena a las palabras que entrelaza y a su sentido, ajena a la gente que la promueve con sus acciones. La tinta se acaba. Pero las páginas quedan grabadas dentro de ti por siempre.
¿La historia se quedó en el tintero?
La historia no se escribió como tú quisiste que se escribiera. Pero ocurrió, te guste o no. Está bien pensar, entonces, que no somos esclavos de esa tinta ¿no?. Está bien creer que, aunque la pluma corre de manera infalible sobre el papel, sus movimientos no están condicionados por otra cosa que por nuestras decisiones.
Es contradictorio. Porque como ella dijo, cada reencuentro te trae besos y caricias de las que luego no te arrepientes, pero que a veces te saben a poco. Quieres creer que todo es mejor así y que no hay razón alguna para intentarlo de verdad. Eso solo lo dices porque tienes miedo de volver a cagarla.
He de decir, en defensa de mi teoría, que no creo que la pluma escriba el futuro condenándote a quererlo. Lo que yo veo es que ella, conocedora de nuestra naturaleza y después de haber narrado tantas historias que siempre terminan igual, se arriesga a vaticinar, con un margen de error muy pequeño, que la historia a la que no se le pone un final consciente, no termina hasta que no se hace. Céntrate y piénsalo. No lo amas, no lo quieres. Es solo que no puedes soportar la idea de verlo ante ti y pensar en todo lo que podría haber sido. Recaes y quieres volver a intentarlo. Después te das cuenta de por qué no fue. Y lo dejas correr de nuevo. Y así queda el bucle, hasta que uno de los dos asiente la cabeza y diga que basta. Que ya habéis jugado bastante y que no tiene ningún tipo de sentido continuar una historia como esa.
Y aún así, será muy difícil de terminar definitivamente. Porque cada vez que lo veas a lo lejos y no sientas nada dado que eres feliz en tu vida, dado que tienes algo que te ha hecho olvidarte por completo de lo que un día sentiste por él, te quedarás parada y pensarás... "Ya no siento nada. Es curioso todo lo que hemos vivido sin vivir nada."
Tu historia de amor no será más que un recuerdo divertido para contar y reír.
La nostalgia, no obstante, invadirá tu corazón. Eso te lo garantizo.


miércoles, 1 de octubre de 2014

It's only what you're waiting for

    Caminaba sobre las huellas de la piedra como si nadie pudiera pararla, como si todo lo que había hecho estuviera aún por hacer. Con los ojos clavados en el cielo, dejaba volar a su sonrisa y las farolas poco a poco se apagaban en una mañana todavía demasiado oscura y fría. Los brazos extendidos a ambos lados del cuerpo le permitían mantener el equilibrio sobre el estrecho camino que transitaba y el viento, malvado, trataba de tirarla continuamente, una y otra vez. Ella lo sentía en su piel y en su pelo golpeándole la cara, pero no se dejaría vencer porque a veces "cuando el camino es chungo y hay que andarlo" hay que ser fuerte y continuar. Parecía todo tan estúpido. Pero un simple paso en falso la haría caer. A un lado el río, al otro el empedrado del camino fácil, por donde los últimos transeúntes se arrastraban de madrugada. Algunos con las venas llenas de alcohol deseaban por fin acostarse en su cama, otros bien vestidos y con profundas caras de sueño, acudían a sus puestos de trabajo más como zombis que como personas. Un hombre paseaba a su perro a primera hora del nuevo día y el animal, moviendo el rabo continuamente, llevaba a su amo de un lado para otro en su pereza mañanera. Había también, por otra parte, algunas caras ilegibles de las que ella no conseguía adivinar cuál era su objetivo. A dónde iban. Qué querían. Qué les había llevado a despertarse a esas horas de la mañana o a no haberse ido a dormir. Una pareja joven se hallaba sentada en el bordillo, a pocos pasos de ella y en medio de su camino. No podría pasar. Empezó a entrarle el pánico y decidió que les pediría con educación que se apartaran un instante. Sin embargo, los pies de los enamorados colgando hacia el río le decían que probablemente no sería algo tan fácil. Fue entonces cuando el primer rayo de sol, conocedor de la oscuridad en la que se encontraba esa parte del mundo en aquel momento, rasgó una pequeña porción de cielo que demasiado rápido se convirtió en el completo horizonte. Ella se quedó paralizada, y de pie al lado de la chica que apoyaba la cabeza en el hombro del chico, observó como el tiempo pasaba lentamente mientras una esfera a la que no podía mirar, pero que de algún modo, contemplaba, se alzaba clareando el cielo. Los amaneceres son tan efímeros que a veces parecen demasiado largos debido a las contradicciones que suponen. Vemos al sol moverse todos los días, pero es algo así como un chocolate inglés en el que el astro parece estar siempre quieto pero que, cada vez que miras, ha cambiado de lugar. Sin embargo, cuando amanece, sus movimientos son tan reales que no aceptamos el creerlo. El poder ver al sol en un sitio distinto a cada segundo y ser consciente de ello. Las esfera fue apareciendo poco a poco tras las colinas del horizonte hasta que asomó por completo en el cielo despejado que anunciaba un nuevo día cargado de nuevas emociones. La pareja se levantó con una amplia sonrisa en los labios y se alejó lentamente caminando. No hubo que decirles nada. Ellos solitos habían dejado el camino libre y bueno, de algún modo, la habían obligado a ella a no perderse un momento como aquel. Tal vez más adelante pensaría en ello.
         Pronto alcanzó su casa y se metió en la cama mientras su mente manejaba que, probablemente, ella era una de esas personas de las que no se conseguía saber cuál era su objetivo. De esas que no sabes a dónde van. Ni qué quieren. Ni qué le habría llevado a despertarse tan temprano aquel día o a no haber dormido en toda la noche. Se rió de todas sus cavilaciones, hacía tiempo que nadie jugaba a juegos como ese. De todas formas ¿A quién le iba importar lo que ella estuviera haciendo allí?



viernes, 26 de septiembre de 2014

Every step that I take is another mistake to you


         No recuerdo el momento exacto en el que me volví tan insensible. Sí recuerdo el haber tropezado, una y otra vez, a veces contra cosas distintas, a veces contra lo mismo de siempre. Recuerdo pensamientos y razones, recuerdo escalones, minutos, el frío sentimiento de perder algo querido. Recuerdo con nostalgia y recuerdo con rencor, con odio, recuerdo con alegría y con esperanza, recuerdo incluso con... miedo. Recuerdo tantas cosas que olvidé cuándo dejé de hacerlo.
         Olvido...
        ¿Qué es el olvido?
         No lo sé... no puedo recordarlo. En el entramado de conceptos las palabras se entrelazan y no alcanzo a averiguar cuál corresponde a cual. Quién sabe, quizás los buenos sean los malos y los grises pobres indecisos en el abismo de su elección. Quisieron que fuera como ellos y lo único que conseguí fue no ser nada en absoluto. Supongo que es mejor, teniendo en cuenta que es diferente. O quizás lo diferente sea malo.
         Vaya, esto es más difícil de lo que parece ¿no crees?.
         Yo misma decidí olvidar y eso es lo único que recuerdo. Tal vez a partir de ahora pueda empezar de cero, de una mente en blanco, de un sueño aún por construir. Tal vez ese sea mi destino.
       
        Recuerdo lo que es el destino. Por gracia, o por desgracia quizás, no es tan fácil olvidarlo todo. Algunos pensamientos se arraigan a tu mente como parásitos implantados y no te dejan escapar jamás. Lo único que se puede conseguir es construir, o tan solo encontrar a otro parásito igual de viable, que pueda hacerle frente y luchar por el control. Aunque nunca tendremos la certeza de saber quién ha ganado. A veces surge una nueva raza, más fuerte y peligrosa, capaz de extenderse entre la gente para bien o para mal. Otras, la mayoría, el parásito se convierte en una mediocre opinión de alguien que apenas puede o sabe argumentarla. A pesar de ello, muchas veces son este último tipo de parásitos el tipo al que más temo, tan común e impredecible que fácilmente te infecta en forma de epidemia.
        El olvido se convirtió así en mi más potente medicamento, capaz de erradicar la plaga que se apoderaba de mi mente casi en su totalidad. Siempre hay quien sobrevive, por supuesto.
        El olvido fue una elección.
        Como todo.
        ¿Y el destino?
        El destino no es otra cosa que la excusa de los hombres para quitarse la presión. Para poder creer que no pueden hacerlo todo. Para poder creer que todo lo que no hacen no es culpa suya.
        El destino es el invento que nos hace felices, el invento que se arraigó en nuestra mente hace tanto tiempo que yo no soy la única que no logra recordarlo.



martes, 23 de septiembre de 2014

Now and again we try, to just stay alive


            Hola. ¿hay alguien ahí? ¿me lees? ¿sí? De acuerdo, entonces, dime...
         
             ¿Qué es lo que esperas encontrar aquí? ¿Besos? ¿Sueños? ¿Destinos? ¿Suerte?. No es una pregunta trampa, no en ese sentido. Es que... Bueno, supongo que no puedo prometerte nada. Ni siquiera yo misma sé lo que siento muchas veces y por eso vine. Necesitaba... pensar. Saber un poco qué es lo que revolotea por mi cabeza. Necesitaba debatir conmigo misma ese sentimiento a veces frustrante, a veces alegre y pensar que, tal vez, alguien piense como yo y pueda dejarse llevar por un instante entre mis palabras. Ver los pros y los contras, decidir qué se debe hacer, plantear un debate en una mente que solo sabe enredar y enredar los hilos, una y otra vez y sin ayuda de nadie. Últimamente el caos de una vida ajetreada e indecisa es lo que guía mi inquieto mundo, incapaz de pararse un solo instante. O puede que sea yo la que no pueda parar un instante.

          No he venido a hablar de amor. No he venido a hablar de filosofía del bien y del mal. No he venido a dar lecciones a nadie ni a intentar cambiar. Lo que yo quiero contar va mucho más allá de todo eso. Es tan simple que cuesta entenderlo y tan sencillo que me duelen las alas por cada palabra que no logro escribir. Lo que yo quiero es hablaros de las cosas que he visto. De todo lo que me gustaría compartir.

         Quiero hablaros del buen consejo que le dio el demonio. De la verdadera realidad que encontraron entre alcohol y botellas. De la sed que les calmó el mar. De la chica que cogió una margarita sin pétalos, incapaz de llegar a saber nunca si él la amaba o no.
          Quiero hablaros de las hojas que crecieron en otoño. Del oro que se utilizó para forjar cadenas. Del último beso que se perdió en el aire, tras el que ella tuvo que marcharse. De la muerte que murió en su inmortalidad.
           Quiero hablaros de momentos increíbles. Quiero hablaros de cuando el viento inspiró. De cuando el oxígeno transportó a la sangre. De cuando las farolas oscurecieron la noche. De cuando el sol congeló a la flor.
            Las piedras crecieron entre la hierba y el poeta olvidó a la primavera pero, al final del todo, cuando parecía que nada más saldría a bailar, el sol siguió a los girasoles.

             ¿Que qué es todo esto? En fin, yo solo traté de alcanzar lo imposible. Yo solo...

              Intenté en vano conseguir con un verso, resumir todo aquello que me dijo con un beso.




viernes, 19 de septiembre de 2014

Dedicate yourself and you can find yourself

           
            Una obsesión me trajo hasta aquí. Una obsesión surrealista, imposible, un objetivo para el cual, por más que estirara los brazos, por más que mi mano se alzara, mis dedos se retorcieran y trataran de crecer, por más que mi cuerpo diera todo lo que podía de sí, no conseguía rozar ni tan siquiera el borde más próximo. Una obsesión por un sueño inalcanzable.
            Cuanto más me acercaba, más se alejaba y yo corría y corría detrás de ella, haciendo hasta enfermiza la persecución a la que día y noche dedicaba mi alma. Yo sabía perfectamente lo que estaba haciendo y lo que nunca podría obtener, pero yo quería volar. Yo quería ser libre, yo quería ser feliz, yo quería... Yo quería tan solo la posibilidad de poder llegar a amarte algún día.
            Por eso, y aunque la noche comienza a desvanecerse entre pensamientos y palabras, entre suspiros y estrellas que poco a poco se van, hoy te habría escrito que me moría por susurrarte una vez más. Por decirte que todo este tiempo he estado allí. Por contarte todas esas cosas que hicimos y que a pesar de todo nunca volverán.
             Una obsesión me trajo hasta aquí. Y ella me gritaba que pasara lo que pasara nunca lo dejaría. Nunca lo abandonaría. Nunca y hasta que no hubiese comprendido que nunca se alcanza lo que no se puede alcanzar. Nunca se alcanza, nunca hasta que se alcanza.
             Rocé con las puntas de mis dedos aquellos retazos de vida que aún murmuraban desde lo alto del cielo y me llamaban a cada instante, rogando que los alcanzara para poder ser feliz.

             Algunas veces, las cosas imposibles nos atraen de tal manera que dejan de llamarnos cuando por fin descansan entre nuestros brazos. Otras veces son tan cabronas que nos dejan probar una cucharadita de su ser para después alejarse hasta su sitio de nuevo y tú, creyendo tenerlo todo, enloqueces ante la falta de lo que un día pudiste acariciar. Fue este sueño el que ya no me deja dormir. Y fue también este sueño el que a pesar de mantenerme en vela cada noche, me obliga a soñar a cada instante.
              Imposible tan solo es una palabra. A veces me la creo, otras no. Pero antes de despedirme, antes de decirte adiós, quiero escribirte que aún a pesar de probar tan solo una cucharadita, te echo tanto de menos que creo que no puedo soportarlo. Quiero escribirte que no entiendo por qué te marchaste. Quiero escribirte que ni aunque lo intente podré jamás dejar de soñarte.

             Quiero escribirte que a pesar de todo lo que he vivido, soy feliz en el camino de cumplirte. Tal vez por eso no quisiste que lo lograra tan pronto. La frustración y el orgullo me consumen, aunque tampoco consigo dejar de pelear. Seguiré persiguiéndote, estúpido sueño escurridizo. Algún día, las estrellas volverán al cielo justo a tiempo para verme sonreír.








domingo, 14 de septiembre de 2014

It's the moment of truth and the moment to lie

Por todas esas veces en las que sientes que de un puñetazo derribarás la pared.
Por todas esas veces en las que cualquier objeto que lleves en la mano corre el riesgo de ser cruelmente aplastado y estrujado por tu puño rabioso.
Por todas esas veces en las que pegar patadas a las cosas parece ser la mejor opción.
Por todas esas veces en las que hacer por ti mismo lo que deben de hacer otros es lo que más se desea en el mundo.
Por todas esas noches de enfado con uno mismo y todos esos momentos de impotencia agarrando cualquier cosa que no sufra al clavar las uñas en él.
Por ese sentimiento así definido que tantas veces parece ser lo único en lo que se puede pensar:
Si pudiera, tan solo, hacer algo...
¿Cuántas veces he dicho eso? ¿Cuántas? ¿Y cuántas veces era real?
Seguro que ni la mitad de ellas.
Supongo que es el orgullo lo que lo promueve. La soberbia, la falsa certeza, la creencia de que esto saldrá bien, de que todo irá como esperas. Todo irá como esperas aun sin que nadie te lo haya garantizado porque, a pesar de ser algo que a nadie le importa, porque a nadie le incumbe, tú no puedes sacártelo de la cabeza.
Deseas que alguien te hable y te diga lo que quieres oír. Que deje de decirte que lo hagas por ti mismo y pronuncie que todo saldrá bien, que todo va a salir bien, que este momento de duda y silencio no es si no un pequeño descuido, un leve olvido sin importancia, un efímero instante que existió por mero azar.
Y tú, inútil, impotente, deseas poder llegar a creerlo.
Porque cada vez que lo intentas sabes que es algo que no va contigo, estúpida e incongruente razón ésta. ¿No va contigo? ¿Con quién, entonces? Y de este modo te quedas congelado, congelada a medio camino sin atreverte a hacer.

          También más personas han de poner de su parte. 

          Y así es como queda la excusa, flotante e indiferente, conduciéndonos a la nada. Quién sabe. Quizás él, quizás ella, quizás ellos estén pensando lo mismo que tú y por eso esperan. O quizás ya están haciendo todo lo que pueden y solo necesitan un pequeño empujoncito que no te pueden pedir, demasiado absortos en complacerte. O quizás no. Quizás nada de esto sea cierto. Y ya está. Así de fácil.
Lo sé. Esto es precisamente lo que no quieres oír. Lo que no quieres que te digan. De lo que no quieres darte cuenta porque tu propio orgullo te lo prohíbe.
Entonces estará bien. Si eso es lo que te hace feliz, tranquilo, tranquila:
Todo saldrá bien. Tan solo... dale un poco más de tiempo. No está si no esperando el momento de salir de nuevo a bailar. De salir de nuevo a quererte. De salir de nuevo a cumplir lo que esperas de él, de ella, de ellos.
Tal vez los días pasen. El tiempo. El sentimiento desaparecerá pronto y con ello toda la historia que esperabas vivir. Las cosas volverán a su cauce. Todo habrá sido una anécdota de la que, a veces, te arrepentirás con nostalgia y sin sufrimiento.                                                                                                   De todas formas... no pudiste hacer nada, ¿no?.




lunes, 8 de septiembre de 2014

Take this life and make it yours

No volverá a contestar. No volverá a llamarte. No volverá a gritar tu nombre ni a decirte que te quiere. No mirará más el teléfono esperando que suene. No leerá más novelas imaginando que os convertís en héroes de mundos que luchan contra el destino. No soñará contigo ni despertará esperando que estés a su lado. No volverá a pedirte que le sonrías ni recogerá tus lágrimas para evitar que llores. No lo hará. No lo hará nunca más.
Y si la realidad duele y necesita de alguien que la entienda, tal vez ni el momento ni el lugar sean apropiados ahora.
¿Qué es lo que tienes que hacer? no lo sé.
¿Quién podría saberlo?
Nadie puede saber como enfrentar a los corazones rotos. Nadie puede saber como enfrentar a las alas cortadas. Nadie puede decirte cómo has de actuar a partir de aquí.
Deja de mirar fotos. Deja de mirar el móvil. Deja de mirar últimas conexiones y lo que hace cada noche sin ti. No es fácil ¿verdad? Lo sé. Pero aquí va un consejo que jamás debiste de olvidar.
La vida es tuya y como tuya ha de seguir siempre. Siempre. A veces somos felices compartiendo más de lo que deberíamos pero, es un riesgo que todos aceptamos correr. ¿Por qué no íbamos a hacerlo? Compartir un pedazo de ti mismo es tan... agradable. Creer que formas parte de algo más allá de tu propio ser.
Puaj.
Qué empalagosa eres.
Es cierto. Pero me dí cuenta de algo.
Depender de alguien te hace feliz. No depender de nadie también. Y eso es algo que tendemos a olvidar con demasiada facilidad. ¿No crees?.
¿Idealización?
Quizás. Pero yo creo que es más bien... infravalorar el estar solo. Lo cual también es una tontería ya que, puede que no tengas a alguien con quien compartirlo todo. Pero siempre te han de quedar aquellos que llevan contigo toda una vida y que, pase lo que pase, se mantendrán a tu lado sin dejarte jamás.
Los amores van y vienen. Suelen hacerte feliz.
Pero ellos, tus amigos, se quedan. Siempre te harán feliz. No lo olvides.




jueves, 4 de septiembre de 2014

But I will never give up

         Las amistades forjadas en batalla son las que verdaderamente te acompañarán hasta el fin de tus días. Los ojos están abiertos y las cosas son crueles ahí fuera. El fuego arde con intensidad, iluminando el camino de muchos, convirtiendo en cenizas a tantos otros. Pero nosotros correremos como si nos fuese la vida en ello, no hay más camino que el que deja cada huella ni más sendero que el que queda tras nosotros al pasar. Dame la mano, lucha, no abandonaremos, no podrán con nosotros porque sabemos lo que queremos, sabemos por lo que luchamos. No nos rendiremos. Jamás.
         Olvida todo lo que dejó de importar cuando estalló el cielo, olvida todo lo que inútilmente nos acosa y hunde, olvida todas las cosas que se nos escapan entre los dedos continuamente, una y otra vez. ¿Por qué nos empeñamos en atraparlas? Cerrar los puños con fuerza y esperar a que no nos dejen, pero lo harán, si eso es lo que quieren. Nada nos pertenece ni a nada le pertenecemos, no debemos, no hay obligación, no hay deudas ni tenemos que. Tan solo vivamos con lo que nos dieron al nacer ¿acaso se requiere algo más? Toma tu libertad, toma tu voz, toma tus sentidos. Corre y grita, siéntete bien, nunca sueltes mi mano y luchemos por nuestro futuro. Deseo darte las gracias y pensar que algún día podré darte todo lo que tú me estás dando a mí. Deseo ver arder los recuerdos de un pasado que empaña nuestro presente y vivir un futuro en el que las normas solo signifiquen respeto entre nosotros. No volverás a derramar una lágrima porque yo estaré ahí para recogerla y arrancarte esa sonrisa que hace que el mundo aparezca un poquito más bello.
          Será como un encuentro entre la luna y el sol.
          Será como el reclamo que llama al mundo a seguir girando.
          Será como una primavera llena de flores, como las olas acariciando tus pies.
          Será como preguntar a las hadas si están seguras de saber a dónde van.
         ¿No suena muy real?
          Bueno, tal vez pueda intentar que lo sea.


lunes, 1 de septiembre de 2014

It's times like these, you learn to live again

           Con la vista clavada en el cielo y las olas acariciándole los pies, deseó no tener que moverse de allí nunca más. Algunas nubes surcaban el cielo y tapaban momentáneamente el sol, haciendo que el mundo pareciera un poco más oscuro de lo que ya era. Una lágrima recorrió su mejilla y se perdió en la ola que la recogió, salada y triste. Se sorbió los mocos y se limpió la humedad del pómulo mientras se tragaba sus remordimientos.
          Alguien se acercó hasta ella amparado en el silencio de las pisadas en la arena y la abrazó por la espalda, apoyando la cabeza en su hombro. Ella alzó la mano y le acarició la cara mientras mil pensamientos volaban a través de su mente. Se echó a llorar de nuevo. Solo quería protegerlos a todos y ahora, se había convertido en un monstruo. No lograba comprender por qué él seguía a su lado. Tal vez algún día lo entendería.
          El chico la abrazó con más fuerza y después la obligó a darse la vuelta, a mirarlo a los ojos. Ella no quería moverse. No quería moverse de allí. Le gustaba ese sitio. Le gustaba ver al mar y al cielo unirse en el fin del mundo y preguntarse si se llevarían bien, o si tal vez tenían envidia el uno del otro. Él la miró a los ojos y sonrió. Siempre se portaba bien, siempre. ¿Por qué? Se acercó lentamente para darle un beso en la boca, pero ella no creyó merecerlo y retrocedió, tropezando torpemente consigo misma y cayendo al suelo. Él cayó encima de ella y le agarró las muñecas. Sus ojos grises no revelaban enfado, no revelaban ira, ni siquiera miedo. La conocía, conocía lo que había hecho y aún así no parecía importarle.
         Lentamente, se inclinó y le rozó los labios en un leve beso cargado de sensaciones. Una suave brisa removió los cabellos de ambos y pintó una sonrisa en la cara de él.
        -¿Por qué? - preguntó ella entre sollozos.
         Él sacudió la cabeza, se retiró hacia un lado y se quedó sentado sobre la arena. Aspiró con fuerza el olor del mar y dejó que el movimiento de las olas inundara sus sentidos. No importaba lo tranquilo que estuviera el mundo, si no era capaz de estar en paz consigo mismo. Ella lo sabía y por eso no lograba sentir nada más allá del caos. Daba igual dónde se encontrara.
        El chico finalmente soltó el aire de sus pulmones y lentamente abrió los ojos. Cogió un puñado de fina arena blanca y lo dejó volar con el  viento mientras sonreía sin saber muy bien por qué. Después, despegó los labios y murmuró varias palabras:
       -Crees que tus manos manchadas empañan tu vida y que nada puedes hacer ya. No estoy de acuerdo con lo que has hecho, pero ahora no hay vuelta atrás, deja de torturarte. No se trata de llevar una vida sin arrepentimientos. Se trata de aceptarlos. Y de vivir. De vivir una vida de sueños y sensaciones. De vivir una vida sin dejar sin hacer. Yo confío en ti y sueño con estar a tu lado. Dime ¿confías tú en ti misma?
     


miércoles, 20 de agosto de 2014

It was only just a dream

Qué es lo que puedo hacer, cuando todo lo que tengo para ti es este tímido beso y una promesa que quiere creer que te esperará hasta que aceptes que ha llegado el momento. No sé si me encontrarás aquí entonces, porque no sé que es lo que voy a hacer a partir de ahora. Quiero pensar que necesito sentirte cerca y que no habrá nada que nos separe cuando estés lejos, nada más que etérea distancia puesta ahí por razones que se escapan a nuestro control. Quiero creer que sin ti no llegaré a ser feliz de ninguna de las maneras y que mis sentimientos no cambiarán. Pero has de saber que no son más que palabras lo que mi boca dice y no son más que promesas lo que tus oídos oyen. Quiero que seas consciente de lo que significa este viaje.
Yo también me voy. No puedo quedarme aquí ¿sabes? Pensando en todo lo que hemos vivido juntos. Me voy a lo alto de un acantilado. A mirar el atardecer mientras el viento me aparta el pelo de la cara, haciéndome creer que son tus manos las que me acarician. Voy a ver las olas mecerse suavemente y romper contra las rocas, salpicándome claras gotas de color azul con olor a arena y sal, haciéndome creer que es tu aroma lo que me envuelve. Quiero sentir algo de nuevo.
No sé qué es lo que encontraré allí porque nunca he vivido esto. No sé qué es lo que me espera. Por eso te recuerdo que todo lo que digo no son más que palabras.
Quién sabe si encontraré a alguien que me ayude a olvidar. Que me haga dejar de pensar en que tal vez un día pueda recordarte. Y que tal vez me quite esa idea de la cabeza para siempre.
No te estoy hablando de amor. Porque no estoy segura de saber lo que eso significa. Dicen que cuando te enamoras de alguien lo sabes ¿verdad? Bueno, yo no podría decírtelo, pienso que es más complicado que todo eso. Yo sé que confías en mí como hasta ahora lo has hecho. Sé que piensas en que cuando vuelvas me dejarás abrir los ojos y susurrarás con suavidad sobre mi oreja que todo esto solo ha sido un mal sueño. Que estás aquí, conmigo, para siempre.
Pero ¿y si eso no sucede? ¿y si tu viaje te lleva a saber que no tienes nada que hacer a mi lado? ¿y si tu viaje te deja la impresión contraria a la que esperabas que te dejara?
Pienso en ti como en nadie antes. Pero eso no es una garantía de eternidad. Crees que la indecisión es tuya pero, quizás sea yo la que se enamore en tu ausencia y entonces ¿qué harás si tus conclusiones te traen de vuelta a mí? ¿Estás seguro de que quieres correr el riesgo?
¿Estás seguro de que, al fin y al cabo, solo fue un mal sueño?
Digas lo que me digas, voy a aceptarlo ahora.
No puedo decir lo mismo de lo que me pidas después.



miércoles, 6 de agosto de 2014

Drifting away

Voló. Voló y voló sobre las olas, sobre la trasparente agua del mar que le permitía ver las rocas. Voló tanto tiempo como pudo, recorrió todos los kilómetros que sus alas aguantaron, respiró tantas bocanadas como sus excitados pulmones consintieron. Continuó volando. Durante mucho, mucho tiempo.
Voló hasta que despertó.
Hasta que consiguió despertar de aquella pesadilla en la que era libre. Totalmente libre, tanto que le asustaba. No tener a nadie que te diga que hacer, ni adonde ir. ¿Qué hacer, entonces?
No podía levantarse de la cama. Tampoco quería levantarse de la cama. No quería volver a su estúpida realidad.
Las cosas no eran así.
A menudo leía miles de historias, las veía a través de la pantalla, las observaba a su alrededor, o creía hacerlo. Las historias nunca eran así. No como la suya.
Tal vez leía los libros equivocados. O tal vez, simplemente, el resto del mundo tenía más suerte que él.
Finalmente se levantó de la cama, miró por la ventana y deseó poder volar, como en su sueño. Desplegar una intensas alas negras cubiertas de plumas y elevarse sobre todo y nada, dejar su sombra abajo y contemplar a la gente alzar la cabeza con la mano sobre la frente para taparse el sol que a él jamás deslumbraría.
Caminó hasta el baño y se miró en el espejo. No le gustaba su espejo, o quizás lo que no le gustaba era su reflejo. Pegó un puñetazo haciendo que el cristal se rajara, los fragmentos tomaron ángulos extraños y su cara se desdibujó. Tenía varios ojos, tenía una nariz partida por la mitad que continuaba demasiado abajo. Sonrió, y su sonrisa se convirtió en una mueca de miles de reflejos blancos y rotos. Casi le entró la risa, pero era una estupidez. Se dio la vuelta y se fue. No podía quejarse de vida. Por supuesto que no.
Lo tenía todo.
Trabajo, casa, coche, bebida, tabaco... ¿Qué más podía pedir?
No le gustaban las mujeres, no le gustaba la gente en general. Tener a alguien de quien preocuparse y que te preguntara cualquier cosa a cualquier hora. Y la gente hablaba del ideal de libertad.
En un segundo entendió que a todos nos gusta ser presos, tenemos miedo de nosotros mismos y por ello necesitamos algo que nos ate. Alguien de quien preocuparnos, alguien que nos dé órdenes continuamente y que nos excite desobedecerlo de vez en cuando. Pero no sabemos vivir sin normas, nos sentiríamos desorientados y perdidos, tendríamos miedo.
Eso pensó.
Él era feliz solo, pero aún así se sentía solo, y eso no le gustaba tampoco.
Eso pensó.
Cerró la puerta de su habitación de un portazo y se preparó algo que desayunar.
No le gustaba sentirse solo, tampoco atrapado.
Si me dejaran elegir, pensó, lo cierto es que me gustaría poder no sentir nada. Nada en absoluto.


sábado, 3 de mayo de 2014

No es locura, es mi forma de ser

Cuando a veces, las cosas, no salen como tú querías y todo lo que te queda es mirar al horizonte y sonreír, sonreír porque, posiblemente y aunque no te des cuenta, ese error que has cometido y del que tanto te arrepientes sea lo mejor que te ha pasado en la vida. Podría decirse que siempre tengo todo planeado y que mi mente trabaja a cada segundo para que ningún movimiento de la más fina de las agujas del reloj transcurra sin que ocurra lo que tiene que pasar. Sin embargo, misteriosamente, jamás ocurre lo que tiene que pasar, es una maldición que el mundo me echó cuando nací.
¿Maldición? Qué cosas digo.
La obligación a improvisar es lo que ha hecho de mi vida algo digno de mención, para mí misma al menos.
Y eso, aunque a nadie le importe, es suficiente.
Es suficiente para que yo sea feliz.

Nacemos para soñar, nacemos para cumplir sueños. Pero... ¿cuántos tienen el valor de lanzarse a ellos? Son un rival duro y difícil ante el cual, los planes, no sirven para nada


                           .